martes, 2 de diciembre de 2008

La Iglesia después del Concilio y la masonería

8) ¿CAMBIÓ LA IGLESIA? ¿CAMBIÓ LA MASONERÍA?
UNA DESCONOCIDA ENTREVISTA A PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA
(Juan Valdivieso Vicuña)



En 1974, el Cardenal Franjo Seper, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, envió al Card. John Krol de Filadelfia una carta sobre la aplicación del canon 2335 del antiguo Código de Derecho Canónico (1917). En dicha misiva, la autoridad del Vaticano afirmaba que la excomunión late sententiae establecida por el canon citado para los católicos que entran en la Masonería ya no era aplicable después del Concilio, salvo que se tratara de una organización que complote explícitamente contra la Iglesia.

El Dr. Plinio Corrêa de Oliveira concedió para esta ocasión una entrevista, publicada en los EEUU, acerca de las relaciones entre la Iglesia y la Masonería después del Concilio. Su punto de vista es luminoso, pues aborda esta delicada cuestión desde la perspectiva de la teología de la historia.


Pregunta: ¿Podría comentar el hecho de que el Vaticano publicó un documento que supone que los católicos pueden entrar en la Masonería?


Dr. Plinio: "Sintetizando mucho, el asunto puede ser presentado de la siguiente manera:En su infinita sabiduría, Nuestro Señor Jesucristo entendió que no era suficiente para Él vivir en la Tierra y enseñar las verdades que encontramos en los Evangelios.

Su vida fue santísima, realizó todo tipo de milagros, falleció de la muerte más sublime, resucitó gloriosamente y ascendió a los cielos. Estos hechos constituyen una serie de maravillas, cada una de ellas, constituye la cúspide en su género.


Sin embargo, esto no fue suficiente para Él. En Su juicio, consideró que era necesario fundar una organización, la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, para prevenir que esos hechos cayesen en el olvido o fuesen mal interpretados. Ella fue fundada también para articular la acción de todas las buenas personas en una estructura visible de manera que se pudiese efectivamente implantar la religión Católica en todo el mundo.

Con esto comprendemos que, para la expansión de una doctrina y la conquista del mundo por esa doctrina, es necesaria una organización. Sin una organización, nada importante, serio, grande, estable y duradero se puede realizar.



El mismo principio se puede aplicar a los enemigos de la Iglesia. Esta necesidad que fue prevista por Nuestro Señor Jesucristo, también fue prevista por el demonio, que posee toda la sabiduría natural

.
Con el objeto de destruir la obra de Nuestro Señor Jesucristo, fue que el demonio estableció la Masonería. Ella tomó su forma actual probablemente entre los siglos XV y XVI.



En los tiempos actuales, la Masonería es primero un gremio de albañiles – ingenieros y trabajadores que construyen casas, castillos y catedrales - que se transformó en una sociedad secreta bajo la influencia de los Judíos que entraron en ella. Esta sociedad secreta se propone como objetivo la destrucción de la Iglesia Católica y el establecimiento del reino de Satanás en la tierra.


Altar de un templo masónico norteamericano

La Masonería, sin embargo, no es sólo una organización destinada a establecer el reino de Satanás; ella también se propone adorar a Satanás, al igual como la Iglesia Católica se propone, no solamente conquistar el mundo entero, sino principalmente adorar al Dios verdadero. Por lo tanto, la Masonería es la religión del Demonio y al mismo tiempo, una organización para difundir esta religión en todo el mundo.


Como es una sociedad secreta, no es tan fácil demostrar su historia. La estudiamos a través de las huellas y vestigios que su actuación dejó aquí y allá. El primer documento pontificio contra la Masonería apareció en el siglo XVIII (Clemente XII, In eminenti, del 28 de abril de 1738). Desde entonces hasta el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica tuvo siempre una postura abierta y continua contra la Masonería.


Dado que Ella es la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo y la otra la iglesia de Satanás (lo dice León XIII), entre ambas organizaciones existe la más completa e irreconciliable oposición posible. Esta lucha continuará hasta el fin del mundo.



La oposición entre la Iglesia Católica y la masonería es irreductible. Arriba, figura con simbología masónica que el lector puede reconocer fácilmente.


Las condenaciones que la Iglesia lanzó contra la Masonería se debieron a dos hechos: en primer lugar la necesidad de advertir a los fieles acerca de la acción secreta de la Masonería, y, en segundo lugar, debido al inescrupuloso e insistente intento de la Masonería de infiltrar la Iglesia para asegurarse lugares y posiciones en su jerarquía – Obispos, Cardenales y otros altos cargos – para de esta manera, complotar por dentro la destrucción de la Iglesia. El único medio que la Iglesia tuvo para defenderse contra tal adversaria, fue denunciarla y trazar una profunda zanja que las separase a ambas, colocando a los católicos de un lado y a los masones del lado contrario.


Cuando fue convocado el Concilio Vaticano II, el movimiento ecuménico recibió un enorme estímulo. La palabra griega oecumene, significa universal. El movimiento ecuménico pretende abolir las diferencias entre todas las religiones e ideologías en el mundo y formar una gran unidad. Esta unidad, supuestamente traería la paz universal. En consideración a este nuevo ecumenismo, el Concilio determinó que lo errores y herejías no deberían ser condenados. Se estableció así una atmósfera de distensión.


Una de las más agudas manifestaciones de esta distensión, fue la determinación del Concilio de prohibir cualquier manifestación oficial sobre el Comunismo. Esta fue una gran contradicción. Se dice que el Concilio había sido previsto por Pío XII como una nueva articulación para defender a la Iglesia y al mundo contra todos los males modernos. Ahora bien, el peor de los males era precisamente el Comunismo, que ponía en peligro todo el orbe. Sin embargo, el Concilio Vaticano II prohibió que fuese condenado, y ni siquiera mencionado.


Creo yo que la Masonería no fue la que dirigió oficialmente el Concilio, pero con esta idea de reconciliación con todas las religiones, la apertura hacia la religión de Satanás era imposible que no ocurriese.

Actualmente, después del Concilio, tenemos que el Vaticano emite un documento con el consentimiento del Papa afirmando que a los laicos católicos ya no se les prohíbe como antes ingresar en la Masonería. Entonces, desde ahora un laico puede, al mismo tiempo, en ciertos supuestos, formar parte de la Iglesia de Nuestro Señor y de la iglesia de Satanás. Esta es la más completa contradicción que se pueda imaginar: en su raíz significa adorar, al mismo tiempo, a Nuestro Señor Jesucristo y a Su enemigo, Satanás.


La iconografía católica ha representado a la Inmaculada Concepción, en sus estatuas e imágenes, estando la Virgen de pie pisando la cabeza de la serpiente. No hay representación más apropiada. Ella aplasta la cabeza de la serpiente porque representa el mal, el pecado, la traición y la muerte eterna. Ahora, un Papa aprueba o tolera que los católicos pueden entrar en la organización de los hijos de la serpiente. Esto no se comprende a menos que él también haga parte de algún modo de la estrategia de la Masonería.

Si uno puede lícitamente ser seguidor del Demonio en esta estructura eclesiástica progresista, la Iglesia Conciliar, entonces se plantea necesariamente la siguiente cuestión: ¿Esta estructura sigue siendo la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo? Esta es la tremenda duda que pesa sobre la estructura eclesiástica que vemos hoy en día.

Teniendo en cuenta las numerosas condenaciones a la Masonería por los Papas anteriores, Paulo VI está completamente consciente del mal que representa la Masonería. No obstante, permite a los católicos entrar en la Masonería. El pastor le dice a la oveja: “¿Ves a ese lobo? El es un buen amigo, anda y hazte amigo de él”. ¿Quién es este Papa? ¿Quién es este Pastor que favorece al lobo en vez de proteger a las ovejas? ¿Quién puede explicar el misterio de un Papa que actúa de esta manera? En última instancia, éstas son las preguntas que resumen la situación.


Pregunta: Hay una segunda clase de masones – como el dueño del almacén de la esquina, el carnicero, el sargento de policía, etc. – que todo el mundo conoce. Si tuviésemos que explicarle al hombre de la calle lo que usted nos está diciendo, va a negar ese tipo de cosas y decir que los masones que él conoce son inofensivos e incluso que son personas buenas que apoyan a las organizaciones de beneficencia. ¿Cómo podemos mostrar a estas personas que la Masonería es una organización que ha estado tratando de destruir la Iglesia durante tantos siglos?

Dr. Plinio: "Usted describe un problema real, porque la Masonería oculta su objetivo para aquellos que sólo están en los primeros grados de iniciación, y presenta una cara filantrópica al público en general.


Hay dos maneras de demostrar esto a los católicos. La primera es mostrar las condenas de los Papas que describen a la Masonería como el mayor enemigo de la Iglesia Católica. En contradicción con estas muchas condenas, hoy Paulo VI abre las puertas a la Masonería como del mismo modo las abre al Comunismo.

La segunda manera de demostrar lo que es la masonería es sólo aplicable para un determinado tipo de personas con más inclinaciones hacia la historia y la política. Es mostrarles que existe un movimiento universal – la Revolución – que durante muchos siglos ha caminado incesantemente en la misma dirección, de manera metódica y siempre opuesta a la Cristiandad. Ahora bien, este movimiento no es una reacción natural causada solamente por las bajas pasiones, porque las pasiones tienen impulsos contradictorios y a menudo en conflicto entre sí. Que por el contrario, la Revolución se mueve con una gran uniformidad de acción y objetivo. Por lo tanto, existe una organización que la controla y la dirige. Desempeña el papel de un director de orquesta. Esta organización es la Masonería".


Hasta aquí las palabras de Plinio Correa de Oliviera, publicada actualmente en inglés en el sitio tradition in action de los EEUU.

El año 1983, Juan Pablo II promulgó el nuevo Código de Derecho canónico. El canon 1374, que sustituye al antiguo 2235, omite nombrar a la masonería y no prevé como sanción la excomunión automática.

¿Relaciones amistosas de la Iglesia con la masonería después del Concilio? Así lo entendieron muchos obispos –me imagino que felices- por lo que el 26 de noviembre de 1983, el Cardenal Ratzinger, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, se sintió en la obligación de publicar su “Declaración sobre la Masonería” en estos términos:

“Se ha solicitado que se altere el juicio de la Iglesia sobre la masonería por el hecho de que en el nuevo Código de derecho canónico no se hace mención explícita de ésta, tal como se hacía en el Código anterior.

Esta S. Congregación juzga a bien responder que tal circunstancia se ha debido a un criterio redaccional (sic!) seguido también para las otras asociaciones igualmente no mencionadas (sic!) por el hecho de estar incluidas en categorías más amplias.

Se mantiene, por tanto, inmutable el juicio negativo de la Iglesia respecto a las asociaciones masónicas, ya que sus principios han sido considerados siempre inconciliables con la doctrina de la Iglesia y por ello la adscripción a las mismas permanece prohibida. Los fieles que pertenecen a las asociaciones masónicas están en estado de pecado grave y no pueden acceder a la Santa Comunión” (...)

A esto el Cardenal Ratzinger agregó –dos años después- unas “Reflexiones sobre la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe” publicadas en el “L´Osservatore Romano” (edición del 23 de febrero de 1985, p. 1), recordando las declaraciones históricas de la Iglesia contra la masonería.

Desde un punto de vista práctico, más allá de la aclaración doctrinal del Cardenal Ratzinger, la sanción canónica de excomunión late sententiae desapareció, y de hecho, que sepamos, la excomunión en cualquiera de sus formas no se ha aplicado en estos casos.


Las compuertas entonces siguen abiertas, y ello explica que durante el Pontificado de Juan Pablo II se haya visto a altos personeros de la Iglesia, incluso reputados como conservadores, fotografiados con miembros de la masonería haciendo gala de sus símbolos. Uno de los casos más conocidos, es el del fallecido Cardenal John O Connors, Arzobispo de New York, cuya foto presentamos a nuestros lectores. Los comentarios sobran:

3 comentarios:

Anónimo dijo...

A mi no me cabe a menor duda. Muchos sacerdotes, muchos obispos (seguiremos escalando?) han de estar comprometidos con la masonería. La irregular, la oculta. ¿No los reconocemos por sus frutos?
Lo que sucede es que la mayoría de los católicos están adormecidos, o gozando de los bienes del capitalismo, o mirando TV, o con afanes socialistoides, pero no tienen los ojos donde deberían tenerlos. Son los "benditos" frutos del Concilio (el otro día escuché a un obispo decir eso)

Excelente la declaración de don Plinio. Muy lógica, muy aclaratoria.

Gracias,

Gerardo Peniche

Anónimo dijo...

No me parece la forma de expresarse del Dr. Plinio. ¿Será que tya están apareciendo documentos apócrifos?

Luis A. Chávez

Anónimo dijo...

Soy Catolico, en un hospital militar de los E.U.A. recibi los Santos Oleos, Me unio a mi esposa en matrimonio un amigo Sacerdote Jesuita retirado de el ejercito Español,Estuve cuando joven en el Seminario de San Juan Bosco. Las razones por las que me sali son las mismas por las que tras leer documentos como este me concientizo aun mas que Dios no es monopolisable por hombre o institucion creada por el. Cualquier institucion que en su nombre asesina como en la inquisision, en mi libro no es de origen divino. La agenda anti masonica claramente es porque estos no se han sometido a la Santa Sede. No es misterio que el Vaticano historicamente trata o domina desde instituciones hasta gobiernos. Si son competencia como los Masones, si no los domina, los DESTRUYE (o lo intentan). He sido invitado a iniciarme a la Masoneria, buscando informacion llegue a este Blog. Ahora mas seguro estoy de aceptar porque sobre todo, somos HOMBRES LIBRES. Ni hombre ni institucion creada por este jamas podran anteponerse entre mi padre y yo.