miércoles, 17 de septiembre de 2008

Aborto y luto en México

LA INSOLENCIA DE LOS HIJOS DE LAS TINIEBLAS
EN LA TIERRA DE MARÍA
Julio Alvear Téllez



Incluso el “Chavo” se sumó en México a la campaña contra el Aborto. En un spot que se transmitió en televisión, el cómico expresó: “Hola, soy su amigo Chespirito. Cuando estaba yo en el vientre de mi madre, ella sufrió un accidente que la puso al borde de la muerte. El médico le dijo: ‘Tendrás que abortar’. Y ella respondió: ‘¿Abortar yo? Jamás’. Es decir, defendió la vida, mi vida. Y gracias a ello estoy aquí”.


El spot terminaba con el eslogan: "Abortemos la ley, no la vida”.
Pero la ley que despenalizaba el aborto en el distrito de ciudad de México fue aprobada en abril del 2007. Y ahora, este mes, la Suprema Corte de Justicia consideró constitucional la inicua iniciativa.




A propósito del aborto, en Chile hay quienes aconsejan no fundar la defensa de la vida en argumentos religiosos. Para convencer a los abortistas, o a los indecisos, no es oportuno, afirman, invocar las creencias personales, sino argumentos más objetivos.

Craso error. Quieren dirigen el lobby internacional pro aborto, en Chile, en México, en España o EEUU, saben que la causa que más puede unir a los hombres –en fuerza, intensidad, perseverancia, resolución- en torno a la defensa del nonato es la causa religiosa.

“Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros?”, es una premisa bíblica cuyas virtualidades en el campo de la acción los abortistas temen, y por eso procuran apagarla en nuestros campos de batalla.

Curiosamente no lo han logrado en países modernos como los EEUU, pero sí lo han obtenido en países que creen que ser actual es no ser religioso. Así, mientras ellos continúan fraguando con persistencia, en la oscuridad, sus ardides para que todas las legislaciones de Occidente reconozcan cada vez más ampliamente el crimen del aborto, esperan que quienes han de defender el derecho a la vida omitan servilmente profesar el santo nombre de Dios.

No estamos diciendo que los argumentos científicos, sociológicos, psicológicos y económicos no se utilicen para defender las posturas pro-vida. Las ciencias biológicas y genéticas, por ejemplo, nos han descubierto las grandes maravillas de la vida que se desarrolla en el vientre materno.

Es sólo que los dirigentes pro-abortistas, los predicadores de la muerte, denotan un rechazo previo a todo lo que pueda hacer temblar sus posturas subjetivas. Incluso, ante la pérdida de militancia en sus bases y el ímpetu cada vez más renovado y masivo del movimiento pro-vida en el mundo, han trasladado todos sus esfuerzos a las esferas oficiales para así imponer la masacre de inocentes desde los gobiernos, los tribunales, o los organismos internacionales.

¿Por qué tanto empeño en divulgar la muerte? No se trata sólo de intereses personales. No es lo mismo abortar por un tal o cual motivo personal, que ser dirigente de un movimiento que promueve el aborto, que busca y obtiene sendos financiamientos, y establece redes de sustento y acción en todo el mundo, que proyecta tácticas y estrategias para propagar la masacre de inocentes.

Hay algo más de fondo en todo esto. Se trata, en realidad, de un profundo odio, que encuentra su vía de expresión a través de la “causa” del aborto. Un odio que va dirigido a que nuestras generaciones, que han sido formadas bajo el impulso de la llamada revolución cultural, cuya pedagogía ha consistido en negar la existencia del bien y del mal, de lo bello y de lo feo, den el último paso.

Ese último paso consiste, como denunciaba en su época Plinio Corrêa de Oliveira, en adormecer la conciencia moral al punto de crear en ella una insensibilidad ante el mal, ante el crimen, ante el pecado grave. Y ello se logra cuando la noción más básica de la moral, que es el respeto instintivo por la vida, se apaga definitivamente en las mentes y en los corazones. Obtener ese resultado es la meta más radical de los movimientos abortistas. Con él se llega al fin de un proceso, al término de una revolución en el alma humana, que consiste en "liberarse" de la luz de la razón natural.


Los teólogos y filósofos de antaño tendrían hoy dificultad en calificar tal estado moral y antropológico. Pues equivale a renunciar voluntariamente a lo que San Pablo llama la ley natural inscrita en el corazón humano.

En puridad, quien renuncia a la ley natural, renuncia a escuchar a Dios. Porque Dios es sabio, y nos habla por medio de nuestra conciencia, rectamente formada, purificada de nuestros propios vicios. Rebelarse contra ella, es lo mismo que cortarse las orejas y destruirse los oídos para no escuchar. No escuchar a Dios. Es convertirse en “hijo de las tinieblas” en cuanto se rechaza ser iluminado por la luz, como decía San Agustín. A mi juicio, evitar esa filiación en las tinieblas, esa fijación en el pecado, propia de los últimos tiempos, es el motivo más alto y más bello de la lucha en pro de la vida.




Y si alguien lo quiere comprobar, puede leer, por contraste, el artículo de la feminista mexicana Marta Lamas, fundadora del GIRE y activista pro-aborto, que publicó el diario EL PAÍS, en su edición del 13 de septiembre del 2008. Resaltamos algunos de sus trechos:


"Después de un año y cuatro meses de intensa deliberación y con audiencias públicas sobre el tema, la Suprema Corte de Justicia de México resolvió hace unos días que la despenalización del aborto antes de las 12 semanas que legisló (en abril del año pasado) la Asamblea Legislativa del Distrito Federal es constitucional.


Esta resolución representa un parteaguas, no sólo para la Ciudad de México, sino para todo el país, pues el concreto derecho a decidir de las mujeres (sic) fue priorizado sobre un abstracto derecho a la vida (sic), al tiempo que la votación favorable de ocho magistrados sobre once sienta jurisprudencia.


Como es de imaginar, todo este proceso ha sido acompañado de expresiones a favor y en contra. Mientras la jerarquía de la Iglesia católica profería amenazas de excomunión y salía a la calle con estandartes que representaban a la Virgen de Guadalupe cargando unos fetos (sic) y exclamando: "¡Ya me mataron a un hijo! ¿Me van a matar más?", en una de las audiencias públicas un sacerdote dominico hablaba a favor de la despenalización.


Mientras los abogados católicos amenazaban con la debacle moral, Jesús Zamora Pierce, ex presidente de la Academia Mexicana de Derecho Penal, argumentaba públicamente por qué el aborto no puede ser considerado delito. Mientras las fuerzas conservadoras salían en peregrinaciones, los intelectuales (sic) y los científicos (sic) del país manifestaban su apoyo a la despenalización con inserciones pagadas en la prensa. Mientras las mujeres conservadoras rezaban en las iglesias, las feministas marchaban acompañadas de sindicalistas, estudiantes y ciudadanía amplia y sencilla, cantando "Quiten sus rosarios de mis ovarios".


¿La "cantinela" del derecho a la vida? ¿Qué forma de odio es ésta?


Si bien hay que felicitar a los magistrados y magistradas que abordaron la cuestión del estatuto jurídico del aborto con republicanismo laico (sic) y desde criterios modernos (sic), hay que lamentar el intervencionismo de la Iglesia católica (sic), que se aferra a la cantinela (sic) de "defensa de la vida" para atacar y amenazar (sic) a quienes no comparten sus creencias. (...)


Por suerte, están lejos de esta postura los curas y monjas de organizaciones de base, que tienen otra actitud, verdaderamente civilizatoria (sic), respecto al aborto. Sin negar que el aborto es un conflicto ético, pero subrayando que este tipo de dilemas, cuando conciernen a los derechos de la persona que está llamada a resolverlos, deben de ser dejados a su autodeterminación, la Suprema Corte de Justicia asumió la perspectiva jurídica (sic), sin despeñarse en el precipicio moralista (sic)".



Hasta aquí la articulista y su ataque a la “cantinela de la defensa de la vida”.... sus palabras lo dicen todo. Sus tergiversaciones también.

Por nuestra parte, nos da vuelta una interrogante, y es la siguiente: ¿Hasta dónde Nuestra Señora de Guadalupe permitirá que llegue la insolencia de los hijos de las tinieblas?





Mientas tanto, saludamos a los movimientos pro-vida de México, esperando que sean herederos espirituales de la gloriosa estirpe de los cristeros. En las tierras de la Virgen de Guadalupe, la fe ha de ser cruz pero también espada. Sí, espada en esta gran lucha por las ideas que es la defensa de los valores que aún restan de la Civilización Cristiana.

1 comentario:

Roberto Hope dijo...

La evidencia de que se ha creado una insensibilidad ante el mal, ante el crimen, está a la luz de todos los mexicanos, que a diario vemos en los periódicos noticias de crueles masacres, ejecuciones, secuestros, que no hace mucho tiempo habrían sido inimaginables. Comenzando con los jueces de la Suprema Corte, que ya no podemos llamar "de Justicia", son los que desde el gobierno, los partidos y las ONGs materialistas y ateas han promovido el aborto a quienes podemos atribuirles la mayor responsabilidad por esta falta de respeto a la vida y a la dignidad del hombre. Como siempre es la Iglesia la que con valentía se en contra de la grave inmoralidad que representa el aborto