viernes, 4 de diciembre de 2009

La valiente Suiza

Consideraciones sobre el referéndum de los minaretes y las formas tradicionales de gobierno
(Tetralema - Bitácora Lealtad)
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Cuando la oligarquía dominante recurre a instrumentos de verdadera democracia suele llevarse grandes disgustos. Suiza es una nación que mantiene muchos de estos mecanismos, no como innovación revolucionaria, sino como manifestación de sus tradiciones políticas seculares. El parlamentarismo suizo es débil y el sufragio universal no se estableció hasta 1971, de nuevo mediante grandes presiones externas.

Pese a la paulatina degradación de estos instrumentos tradicionales de verdadera democracia (en el sentido de forma de gobierno, no de ideología) en esta ocasión el pueblo suizo demostró su voluntad de no claudicar ante la imposición del dogma islamista. Los suizos han aprobado el domingo 28 de noviembre la iniciativa lanzada por el partido Union Démocratique Fédérale a fin de prohibir la construcción de minaretes en las mezquitas. El “sí” ha ganado con extraordinaria mayoría. El 57,5% de los votos, venciendo además en la mayoría de los 26 cantones de Suiza. Sólo se han manifestado en contra Ginebra, Vaud, Neuchâtel y Basilea-Ciudad. Es decir, en los territorios más calvinistas y protestantes. Es significativo que si se exceptúa el cantón montañés protestante de Glaris, sólo los cantones católicos han venido practicando con continuidad la democracia directa, la Landsgemeinde. Este resultado representa una sonora bofetada para el conjunto de la clase política suiza, la cual se había enfrentado de forma unánime al proyecto, respaldado por una iniciativa popular que había recogido 113.000 firmas.


Además hay que tener en cuenta las presiones de la casta política (tanto de derechas como de izquierdas, partido ecologista incluido), la enorme ofensiva emprendida por la práctica totalidad de los medios de comunicación, las imprecaciones lanzadas por la Conferencia Episcopal Suiza, las tergiversaciones lanzadas adrede por los institutos de sondeos, los cuales habían pronosticado una contundente derrota de una iniciativa popular, que sólo iba a obtener, según ellos un 37% de los votos. El poder ha entorpecido todo lo posible la propaganda favorable a la prohibición de los minaretes, mandando a la policía a requisar multitud de propagandas que se limitaban a reproducir textos del Corán bajo la excusa de que "resultaban discriminatorios". (Obviamente resultaban discriminatorios, pero para los no mahometanos). La actitud promahometana de la Conferencia Episcopal Suiza (¡cuanto defendió Mons. Lefebvre al Papado denunciando los males del colegialismo!) es coherente con sus múltiples heterodoxías. El futuro presidente de la misma, Norbert Brunner, ha señalado que el celibato de los curas católicos debería ser voluntario y que estaría dispuesto a ordenar a sacerdotes casados y a mujeres de presbíteros. Evidentemente los seguidores de un catolicismo consecuente, tradicional por tanto, no paran de crecer en Suiza. Que es uno de los puntales de la resistencia católica antimodernista. También los judíos apoyaron el "sí" a la construcción de minaretes a traves de un comunicado de la económicamente influyente "Federación Suiza de Comunidades Israelitas".


Pese a acoger muchas instituciones internacionales Suiza es una nación muy celosa de su independencia y soberanía. Suiza tiene uno de los sistemas de gobierno más antiguos, democráticos --no en el sentido ideológico, sino como forma de gobierno-- y equitativos del planeta. Además de una concepción confederal en las antípodas del centralismo, sin que haya habido nunca tentativas secesionistas pese a la heterogeneidad cultural de la misma. Su identidad política está muy definida y existe un enorme patriotismo, pese al carácter de confederación cantonal. Su ejército es una milicia de voluntarios, los profesionales no llegan al 7%. Han sido muchos los carlistas, los regionalistas partidarios de la reintegración foral o los simples estudiosos del derecho histórico español los que han trazado un paralelismo entre el sistema suizo y el tradicional hispánico. Las innovaciones liberal constitucionalistas siempre se han impuesto por la fuerza de las armas, primero con la invasión napoleónica y después con el desenlace de la Sonderbundskrieg. El gobierno de muchas aldeas y pueblos es lo más similar al concejo abierto hispánico (hoy día restringido y tutelado por poderes foráneos tras la constitución del 78) y el equilibrio entre los poderes cantonales y el confederal es admirable, y ello pese a la ausencia de una Monarquía que represente los principios de autoridad y totalidad, pudiendo ejercer de moderador.

Si Suiza ha votado no a los minaretes de acuerdo con su idiosincrasia lo más probable es que lo lleven adelante, dando al mundo una lección de no dejarse avasallar ni por la invasión islámica ni por las presiones mundialistas. No pesa ningún racismo ni xenofobia en esta votación. Desde siempre Suiza ha acogido a millones de inmigrantes (muchos españoles y portugueses, por cierto) desde hace cientos de años. Solo la llegada del Islam ha dado problemas. Los mismos ante los que el gobierno masónico de España y su sistema constitucional-liberal nos pretende arrodillar.

(http://montejurralealtad.blogspot.com/2009/12/suiza-valiente-consideraciones-sobre-el.html)