viernes, 12 de junio de 2009

LA APOSTASÍA DEL MUNDO DE HOY (V)

El Mundo actual envuelve una razón especial de perversidad por la apostasía del cristianismo
.
El Mundo, creado por Dios, desordenado por el pecado y rescatado por Jesucristo, aún continúa siendo preferentemente malo. Porque el hombre, aunque bautizado, pero destituido del don de la integridad, se deja arrastrar por el desorden de sus concupiscencias. Esto vale para cualquier mundo; y también para un mundo cristiano.
.
Llamamos “mundo cristiano” a aquel que hace profesión pública de aceptación de la ley moral cristiana. Que quiere conformar sus instituciones y su vida pública al Mensaje cristiano. Que acepta en medida más o menos real, más o menos profunda, la influencia purificadora e iluminadora del Evangelio. Y decimos que este mundo, a pesar de su profesión pública de “cristianismo”, ha de ofrecer una preponderancia del mal que lo hace contagioso y peligroso. O sea, que el mundo, el mundo concreto de los hombres tal como se presenta hoy, aún en las mejores condiciones, debe decirse “malo” y, no “bueno”, porque en él, su protagonista principal, aún después del rescate de Cristo, se halla inclinado al mal y va a llevar de hecho una vida perversa.
.
En este mundo, así caracterizado, podrá haber almas santas que ejerzan influencias bienhechoras y, saludables, pero éstas nunca lograrán una publicidad tan fuerte que alcance a neutralizar los poderes de la concupiscencia de los ojos, concupiscencia de la carne y soberbia de la vida. De aquí, que para el cristiano, aún en la época de esplendor cristiano, tengan vigencia aquellas palabras del Señor: “No pido que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal. Ellos no son del mundo, como no soy del mundo yo”.
.
Pero el mundo puede encerrar una “especial malicia” que puede provenir de circunstancias históricas determinadas. Vale decir que un pueblo, o aún una civilización, puede conocer un desarrollo tal de las fuerzas del mal que le adjudique una especial significación de perversidad. Tal es la condición de lo que se llama “mundo moderno”, “civilización moderna”, “cultura moderna”, “filosofía moderna” en los que “lo moderno” no encierra una connotación puramente cronológica sino valorativa, y que se refiere a un proceso determinado que tiene lugar en esa civilización.
.
La civilización que se desarrolla en la historia hoy, y que ha comenzado hace aproximadamente cinco siglos, no guarda una continuidad homogénea con la civilización anterior. Hay sí una continuidad cronológica, pero no valorativa. La civilización anterior se proponía, en lo fundamental, la creación del hombre cristiano, es decir, de un hombre para el cual los valores referentes a la vida eterna, cuyo depósito se encuentra en la Iglesia, eran lo supremo. La civilización se ocupaba de los bienes terrestres del hombre, pero en forma tal que reconocía públicamente el orden de valores de los bienes eternos, de cuyo cuidado directo se ocupaba la Iglesia. Por ella, esa civilización, en su política, en su economía, en su filosofía, en su cultura, en su arte, favorecía la creación de un hombre “cristiano”. Era una civilización mundana —con todo lo ambiguo de este vocablo, y, aún con la pendiente al mal que la caracteriza y que señalamos anteriormente—, pero una civilización mundana que reconocía públicamente otros valores rascendentales superiores, a cuyo servicio debía de alguna manera colocarse.
.
Una civilización orientada hacia lo divino, y lo eterno del hombre, donde por consiguiente, la Iglesia, cuya razón de ser es precisamente este aspecto del hombre, era reconocida como valor supremo de todos los valores.
.
En los albores del mundo moderno, la civilización deja de mirar a lo eterno, lo divino, lo sobrenatural, del hombre, para concentrarse en lo puramente humano. Ya no pone el acento en lo “sobrenatural”, sino en lo “natural”, en lo “humano”. Y toda la vida, en la filosofía, en las artes, en la política en la economía, desciende de una escala de valores que se orientaba hacia lo sobrenatural, a una escala de valores orientada a lo puramente natural. Aparece el Humanismo; despunta el laicismo de la política y de la vida; se quiebra en la vida pública de las naciones el reconocimiento de la Iglesia como sociedad pública sobrenatural. Y esta quiebra del orden público que deja de rendir a la Iglesia el homenaje que le corresponde como Sacramento de Salud del hombre86 ha de significar al mismo tiempo la erección de otra civilización orientada hacia el humanismo, racionalismo, naturalismo, en que sólo se tengan en cuenta los valores naturales del hombre.
.
La civilización moderna ha de entenderse como una toma de posición histórica frente a la civilización cristiana, a la que intenta suplantar. Representa otra concepción del hombre, con otra escala de valores. Pero esta escala de valores significa, a su vez, un valor más bajo que aquel que es suplantado. Lo divino es, reemplazado por lo humano. Hay, pues, una degradación. Pero una degradación sumamente peligrosa. Porque precisamente la teología de la gracia enseña que el hombre no puede guardar la ley moral natural en su integridad y de manera conveniente sino con el auxilio de lo sobrenatural. Una civilización que niega o simplemente ignora la gracia, no puede mantenerse por mucho tiempo en el plano humano, y ha de ir descendiendo hacia condiciones infrahumanas. Es el caso de la civilización moderna, que del naturalismo, o racionalismo, o humanismo en que se desarrolla durante los siglos XVI, XVII y XVIII ya bajando a un economismo, o animalismo, propio del siglo XIX. El hombre ya no busca la dignidad humana que procuran la política, la filosofía o la cultura de las letras, sino la abundancia de las riquezas.
.
La preocupación “económica” viene a orientar la vida del hombre como si éste fuese sólo un animal confortable. Y el ideal humano no, es ya, no digamos el santo, pero ni siquiera el héroe; ahora lo es el burgués. El capitalismo rige la vida de las naciones. Pero aquí tampoco puede el hombre mantenerse. La degradación ha de continuar. Al burgués lo ha de reemplazar el proletario. El burgués buscaba la riqueza, el bienestar puramente material, lo económico. Al proletario le da sentido, no el bienestar, sino “el trabajo”. El comunismo centra toda la civilización alrededor del trabajo. El hombre está hecho para trabajar. Es un instrumento productivo. No ya un animal, en lo que pretendía convertirle, el capitalismo, sino algo más bajo, un puro instrumento de producción.
.
El hombre hoy, después de un proceso de degradación que lleva cinco siglos, se halla en estado de impotencia frente a la “vida pública” que le presiona por todas partes y le empuja a situaciones cada vez más degradantes. Hablamos del empuje de la “vida pública” sobre el hombre individual. La “vida pública”, con su “ideario irreligioso”, con, su “filosofía de la contradicción”, con su política de mentiras con su economía agobiadora, con su publicidad y reclame de reflejos condicionados; una “vida pública”.
.
No entramos aquí en deslindar responsabilidades, sino a fijar una significación de valores. Es claro que los hombres de Iglesia también son responsables de los errores históricos que persigue con su poderoso aparato tecnocrático a cada individuo, que ha sido quebrado anteriormente en sus estructuras morales y psíquicas. El mundo que actúa sobre el hombre, lejos de ser el mundo de la creación, del pecado y la redención, de que habláramos antes, es un mundo-máquina que se
presenta ante el individuo como un poderoso aparato triturador. El hombre es presa de un engranaje que se apodera de él, lo envuelve en sus mallas y le hace circular en sus bobinas. Después de la etapa de degradación que se prolonga durante cinco siglos, se inicia, con este residuo degradado que es el hombre moderno, otra etapa de domesticación tecnocrática, en la que se quiere usar al hombre para la construcción de una enorme y poderosa Babel. El hombre, privado del goce de Dios, del goce de la reflexión humana, del goce del placer animal y convertido en simple pieza para la Construcción de una poderosa Babel.
(P. Julio Meinvielle, La Iglesia y el Mundo moderno, edición citada)

No hay comentarios: