jueves, 21 de mayo de 2009

LA APOSTASÍA DEL MUNDO DE HOY (I)

EL MUNDO, EN SUS MÚLTIPLES SIGNIFICADOS,
FRENTE A LA IGLESIA
(P. Julio Meinvielle, "La Iglesia y el Mundo Moderno", Ediciones Theoria, Buenos Aires, versión digital 2008)
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Hemos puntualizado la significación de la Iglesia para el Hombre. Ella es el Misterio que realiza en nosotros los designios más insondables de Dios. Hemos visto también cómo en la Iglesia, aunque todos sus miembros están llamados a una igualdad esencial, que consiste en la santidad, existe por divina disposición una jerarquía de clérigos y de laicos. Los clérigos tienen como misión particular las cosas que se refieren a la Iglesia misma, las cuales todas giran alrededor del Culto. Los laicos tienen como misión especial su santificación en el Mundo. Corresponde ahora que configuremos el significado del Mundo en su relación con la Iglesia.
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El Mundo de la Creación
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Dios ha creado el Mundo y lo ha creado bueno. El Génesis nos cuenta, en una narración llena de frescura, cómo Dios creó la luz, el firmamento, los mares, las plantas, los astros del cielo, los animales, y, al término de cada efecto creador, halló que lo que había hecho era bueno. Creó luego al hombre, a imagen suya, y lo creó macho y hembra. Y les dijo: “Procread y multiplicaos y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre cuanto vive y se mueve sobre la tierra”. Dijo también Dios: “Ahí os doy cuantas hierbas dan semilla sobre la haz de la tierra toda, y cuantos árboles producen fruto de simiente, para que todos os sirvan de alimento”.
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Y aquí el Génesis comenta: “Y vio ser muy bueno cuanto había hecho”. Si la creación del mundo de las cosas y animales resultó “buena”, la creación del mundo del hombre resultó “muy buena”. Y en este mundo del hombre hemos de incluir con el hombre mismo y con todo lo que a él se refiere, su diferencia de sexos la fecundidad procreativa, y su dominio sobre toda la creación inferior, y la capacidad de alimentación de la tierra y finalmente, las relaciones mismas de los hombres.
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De aquí se desprende que todos los valores creacionales, salidos de la mano de Dios, han de estimarse buenos. El Cosmos, con todos los seres que contiene, y sobre todo el hombre, y la institución matrimonial y familiar vinculada con la multiplicación humana de los hombres; el trabajo su poder creador transformativo de la naturaleza; la economía, que es el saber en el uso de las cosas para satisfacer las necesidades humanas; y aún la política, que es la ciencia del ordenamiento y dominio de los hombres, todo es bueno y muy bueno.
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Alguien podría pensar que en el estado de inocencia en que originariamente Dios creó al hombre, no habría de haber dominio político de unos sobre otros. No piensa así Santo Tomás. Rechaza sí que pudiera haber dominio como el que existe entre el amo y el esclavo, dominio de servidumbre. Porque en ésta, el señor domina al siervo y lo utiliza en provecho propio. Y es claro que a nadie le gusta verse despojado del fruto de su trabajo en provecho del otro. Sólo un castigo, que no tenía razón de ser en el estado inocencia, podría justificar la introducción de esta institución. Pero el dominio político propiamente dicho, es el que ejerce sobre el dirigido en bien del dirigido mismo, y éste cabe en el estado de inocencia, ya que la vida social y la política forman parte del hombre como una de sus principales y nobles dimensiones.
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Es importante destacar este carácter de bondad, que tiene, en su razón originaria, el mundo de la creación. Porque él ha de perseverar, no obstante las perturbaciones que se han de producir con la introducción del pecado. Ello justifica que en la Escritura el Mundo pueda y deba entenderse como una realidad buena. “Todo ha sido hecho por Él y sin Él nada se ha hecho" (Jn., 1, 3). “El Mundo ha sido hecho por Él”, dice San Juan (1, 10). “Todo lo que Dios ha creado es bueno, y ningún alimento se ha de proscribir, si se toma en acción de gracias”, dice el Apóstol (I Tim., 4, 4). Todo el Universo material y visible, todo nuestro universo humano y moral, el cosmos y el hombre, la cultura y la historia, con sus relaciones mutuas, todo es fundamentalmente bueno, porque viene de Dios.
(Capítulo III, Edición digital dirigida por R. P. Dr. Arturo A. Ruiz Freites IVE
Digitalización y Corrección del texto por religiosos y religiosas del Instituto del Verbo Encarnado (IVE) y de las Servidoras del Señor y la Virgen de Matará (SSVM). Segni (RM))

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