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jueves, 27 de agosto de 2009

La televisión!

EMPECEMOS POR CURARNOS DE LA T.V. - I
(José Antonio Ullate)
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Si no solucionamos un “problema” tan elemental y tan preliminar como el de la televisión, la vida moral y la sobrenatural quedan comprometidas. Resolver el problema es simple: tirar el televisor a la basura, dejar de ver la televisión. Sin embargo, nos valemos –yo me valía– de cualquier añagaza para dilatar sine die tan apremiante decisión.
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La gran mentira de la televisión es la de hacernos creer que es una ventana al mundo, que no hace otra cosa que acercarnos la realidad multiforme y lejana a nuestro salón comedor. La televisión es, exactamente, todo lo contrario. Es un muro que se interpone entre nosotros y la realidad. La verdadera realidad queda sepultada bajo una montaña de imágenes cambiantes.En la combinación audiovisual, la palabra se subordina a la imagen, y no al revés. La televisión es, principalmente, un método de transmisión de imágenes, reforzadas por palabras. Por lo tanto, la televisión, principalmente, produce una hipertrofia de la imaginación en detrimento de la razón. La palabra, en lugar de servir para la inteligencia, queda esclavizada al servicio de la imaginación.
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Incluso cuando –por hipótesis– los contenidos de la televisión pudieran ser buenos y veraces, la percepción, la “posesión” que de esos contenidos tenemos es capciosa. Creemos que sabemos algo por haberlo “visto” en la televisión, porque al evocarlo despertamos en nosotros inmediatamente una imagen o una sucesión de imágenes, que suscitan emociones.
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Pero cuando una imagen representa un concepto no puede cumplir más que una inicial función de “captación de la atención”. Después, hace falta una comprensión intelectual para poseer adecuadamente ese concepto y eso la televisión lo obstaculiza creando el espejismo de que “ya lo sabemos”. La televisión, al sobre-excitar la imaginación, nos hace caer en el engaño de que realmente conocemos aquello que se nos ha mostrado en la pantalla, precisamente porque –cosa propia de la imaginación– ha despertado en nosotros intensas emociones. Tan intensas como fugaces, estériles e inhumanas.
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Pongamos por ejemplo la narración de una noticia típica de televisión: una catástrofe en cualquier esquina del planeta. Inmediatamente nuestro cerebro recibe imágenes impactantes, contempla escenas de una gran crudeza, y de este modo, al mismo tiempo que realmente lo desconocemos todo sobre el verdadero sufrimiento de los protagonistas (que serán eclipsados de nuestra atención por la siguiente noticia, quizás la presentación de la colección de moda otoño-invierno en una pasarela), sentimos durante unos segundos una intensa emoción, desconectada de un conocimiento proporcionado. Emoción que decae, desplazada por la siguiente noticia (que genera a su vez una nueva emoción, de naturaleza diversa e igualmente fugaz).
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El resultado es que hemos sentido muchas cosas, sin conocer realmente ninguna. Si se nos pregunta, sin embargo, responderemos: “Sí, ya lo sé. Lo he visto por la tele”. Eso es inhumano. Es violentar el modo humano de conocer y de sentir.Ese esquema típicamente televisivo de intensos y fugaces sentimientos, se convierte en una “segunda naturaleza” en los televidentes (en todos los que son o hemos sido televidentes) y el mundo de las emociones adquiere una independencia espantosa respecto del mundo de la inteligencia.
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De ahí que, habiendo advertido esa preeminencia de lo emotivo sobre lo racional, políticos, comerciantes y hasta pretendidos apóstoles religiosos apelen a las reacciones sensitivas, a la emotividad en detrimento de la argumentación racional.Lo peor de la televisión no son los perversos contenidos que hoy transmite y que mañana pudiera censurar. Lo peor es lo que en ella no puede cambiar: el engaño de llenarnos la cabeza de imágenes para hacernos creer que “conocemos” lo que representan. La televisión, por su misma naturaleza, llena nuestra cabeza de imágenes que permanecen en ella largo tiempo, entorpeciendo el verdadero trabajo racional, la verdadera vida de la inteligencia humana, conformando nuestros gustos de forma anormal, prescindiendo de los canales auténticamente humanos de la transmisión del conocimiento y hasta de la misma adquisición de la experiencia.
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Mis hijos ven, huelen y oyen un rebaño de ovejas estabuladas a menos de un kilómetro de casa, que transitan por los campos vecinos. A veces, tenemos que esperar a que pase el rebaño para poder continuar nuestro paseo. Entonces pienso en lo afortunados que somos porque esos estólidos mamíferos están delante de nosotros, permitiéndonos admirarnos de la sabiduría divina que los ha pensado y del poder de Dios que los ha creado. Ese contacto distraído y habitual de un niño con el ganado, con los campos, con la naturaleza, ofrece la ocasión de sorprenderse pensando cómo “manifiestan la gloria de Dios”.
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Pienso también en los documentales en los que me mostraron gacelas, cebras, cocodrilos, tribus salvajes y ascensiones al Himalaya y cómo todo aquello no eran más que imágenes seleccionadas, editadas, artificialmente yuxtapuestas, que pretendían vanamente arrebatar a la realidad lo que ella se reserva para quienes humildemente la admiran. Incluso antes de ser editadas y manipuladas, la materia prima de esas imágenes había sido vivida por otros, no por mí.Las imágenes que muestra la televisión pueblan nuestra cabeza, haciéndola insaciablemente sedienta de más imágenes novedosas y enteramente indiferente a la realidad que representan. La televisión nos hace depredadores de vidas ajenas, sobre las que en realidad nada sabemos, de las que nada nos interesa, pero que nos proveen de esa torpe ilusión: más imágenes, más ruido, más actividad… representada por otros.

EMPECEMOS POR CURARNOS DE LA TV- II

(José Antonio Ullate, de "El Brigante")
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El tema de la televisión hace aflorar pasiones insospechadas. Casi todo el mundo admite que los contenidos de la programación son inaceptables y hasta moralmente perniciosos. Pero muy pocos están dispuestos a prescindir del aparato. Esto ya debería hacernos reflexionar sobre el grado de dependencia que genera. Cuando se apunta el perjuicio que el medio mismo ocasiona al utilizarlo como forma habitual de información o de ocio, la resistencia es inmediata: “Se trata de usarlo con criterio”, “la televisión es buena si se sabe verla”.
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De creer a los defensores de la televisión “con criterio”, la mayoría de los televidentes deciden fría y previamente la cantidad razonable de tiempo que van a pasar ante el televisor, seleccionan rigurosamente la programación y tienen siempre el dominio sobre esta actividad, sin que les influya más allá de lo que ellos deciden. En realidad, uno de los males de la televisión es que crea mala conciencia y deseo de disimular el poco control que tenemos sobre ella. Pero los problemas de la televisión van más allá de la pésima calidad o la inmoralidad de los contenidos o de la tendencia a hacernos decir que vemos “sólo documentales”.
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La televisión nos hace pensar que rompemos los límites de nuestra contingencia, que podemos “vivir” enriquecidos por imágenes fabricadas en la Antártida, en Las Vegas, en Mindanao o más bien… en un plató o en cualquier sala de montaje. Después del viaje virtual que es cada sesión de televisión, quedamos con la cabeza repleta de imágenes falsificadas (a las que no les corresponde un conocimiento proporcionado), satisfechos de lo mucho que pensamos haber “conocido” o, más frecuentemente, hastiados de cómo, una vez más, hemos perdido el tiempo soberanamente, y quizás con remordimientos por lo embrutecidos que estamos al contemplar –sin indignación y sin retirarnos inmediatamente– lo más nefando, lo que debería ser ocultado, cuando no directamente reprimido.
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¿En qué disposición está el televidente tras ver la televisión? ¿Tiene los “poros” de su alma más abiertos para aprender, para contemplar, para la compasión o para la oración? No, tiene la sensibilidad embotada por una saturación innatural de imágenes, de una violencia inusitada no tanto por el contenido, sino por la forma. Pero no sólo: la imaginación está llena de imágenes que acaparan nuestra energía y que la memoria trae una y otra vez a la conciencia, entorpeciendo el ejercicio de la reflexión.
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La voluntad, por su parte, se habitúa a la pasividad, dominada, lábil, imprudente y sin fortaleza. El hombre o la mujer “televisivos” pierden (hablo por propia experiencia) la radicalidad moral necesaria para acometer una vida humana y cristiana, que exige el hábito de la fortaleza para plantar cara a mil tentaciones.Hay quien dice que hay tiempo para todo: para ver la televisión, para estudiar, para rezar. Pero el ser humano (el que existe en realidad) es un compuesto de alma y cuerpo, no un espíritu separado que puede cambiar de actividad sin transición.
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La oración o el estudio, requieren una preparación remota, una pacificación, una concentración, un silencio interior y exterior, un dominio mínimo de la sensibilidad y de la imaginación. Los efectos internos de nuestras acciones nos acompañan, y más si consisten en atiborrarnos de ruido y de imágenes. ¿Qué oración es posible en esas circunstancias?La forma dictatorial, impositiva, arbitraria con la que la televisión se abre paso en los hogares, genera una disposición derrotista, indolente, resignada, en los teleadictos. Queda el nuevo espejismo idiota de poder elegir entre los múltiples canales que procesan análogos fraudes. Elegir al embaucador que nos va a entretener durante media, una, dos o quién sabe cuántas horas, al precio de proseguir erosionando nuestra capacidad de admiración por la realidad, de conocimiento riguroso, de firmeza moral.
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Los hombres televidentes conservan, cómo no, sus diferencias entre sí. Pero comparten la erosión íntima que produce el medio. Los católicos y los ateos, los socialistas y los conservadores, consumidores de televisión, reducen sus diferencias a matices ideológicos, bajo los cuales la trituración moral se asemeja cada vez más.La fe exige un asentimiento humano, por lo tanto, con inteligencia y voluntad. Por eso, la sabiduría cristiana advierte sobre las condiciones que favorecen o dificultan el ejercicio de la fe y de la virtud.
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“El acto de contemplación -dice Santo Tomás- es impedido por la vehemencia de las pasiones, debido a que la atención del alma es desviada de la consideración de las realidades espirituales y acaparada por los placeres sensibles, así como por el tumulto de las cosas exteriores. Por tanto, las virtudes morales, al refrenar las pasiones e imponer un orden racional a la actividad exterior, disponen a la contemplación”. La vehemencia de las pasiones, como las que produce y prolonga en el tiempo la imaginación sobrecargada, o el tumulto de las cosas exteriores, desvían al alma de la consideración de las realidades espirituales. De este modo, las casas cristianas dejan de ser casas de oración, para entronizar un aparato que nos provee siempre de la dosis oportuna de distracción.
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“La televisión hace mucha compañía”, dicen, pero compañía no hace ninguna. Proporciona distracción que nos hace olvidarnos de nuestras necesidades verdaderas, de nuestra condición y, por supuesto, de la presencia de Dios.Hablando del influjo de los sentimientos en la vida espiritual, decía fray Lucas de San José: “Todos los maestros de la vida espiritual, (...) se creen obligados a regular los sentimientos del corazón de sus discípulos; porque en el orden espiritual y moral, sin previa educación del corazón, se pierde lastimosamente el tiempo.
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Quien no tenga el dominio de su corazón no será jamás un Santo, ni un hombre completo. Perderá en un instante lo que en años haya adelantado”. La vida espiritual requiere una lucha por el dominio de los sentimientos y de la imaginación. La televisión es una “mala maestra”, que subvierte el orden en el alma humana, otorgando la primacía a los sentimientos y a la imaginación, por encima de la razón y la voluntad, y eso, aun cuando transmita contenidos “piadosos”, pues lo hace saturando nuestra imaginación y nuestro corazoncito.
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La televisión contribuye como ningún otro medio a domesticar a los cristianos, que quedan atrapados en una viscosa red de deseos ineficaces o de discursos sin correspondencia con la realidad.Quien de veras quiera vivir una vida conforme a la doctrina católica debe reflexionar, pero no sólo: debe actuar y remover los obstáculos morales que impiden el seguimiento de Cristo. La televisión es uno de esos obstáculos, ciertamente no el único, de modo que si eludimos la urgencia de su eliminación en nuestra vida lo único que manifestamos es nuestra resistencia a ese seguimiento radical al que por nuestro bautismo estamos obligados.
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Hoy que se pretende “reconstruir” un cristianismo compatible con el mundo, que sólo libre determinadas batallas (la de la “vida” y la de la “libertad de educación”…), la televisión no molesta. Pero la auténtica vida de fe, sin embargo, nos reclama a que luchemos por convertir nuestras casas en un testimonio de oración, de moralidad en el vivir y en una palestra de las virtudes cristianas, como decía S.S. León XIII. La televisión no encaja en ese planteamiento. Así de simple.

lunes, 17 de agosto de 2009

La educación llamada "democrática":

La ejecución de un plan que ha destruido a las generaciones jóvenes
(José Miguel Gambra)
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"¿Hijo, qué quieres ser de mayor? Pues… hijo, papá". Así ironizaba sobre su vástago un camarero entrado en años que hablaba, hace unos días, con su compañero mientras servía la barra. "Ahora --prosiguió-- 'me se' va con la novia diez días a Mallorca. ¡Cómo viven estos chicos!"Estos chicos, sin privarse de ningún placer adulto, prolongan indefinidamente la dependencia de sus padres y se gastan lo que ganan en coches, ordenadores, cadenas de música y diversiones. Estos chicos siguen con juegos de niños hasta los dieciocho años y, hasta los treinta, se pasan buena parte del día entretenidos con Internet y con la televisión.
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A los treinta y cinco, siguiendo el modelo de la serie Friends, tienen todavía pandillas. "Son mis amigos, por encima de todas las cosas", dice una famosa cancioncilla, con dejes de blasfemia. Y a los cuarenta, empiezan a plantearse el futuro, ante el probable óbito de sus progenitores: se compran un piso de una sola habitación, y todo lo demás sigue igual.Estos chicos --y no tan chicos-- se divierten, y mucho, cosa que no tiene nada de nuevo. Lo nuevo es que, cuando pierden su tiempo en juergas y pasatiempos, no hacen, como en otro tiempo, algo de más, sino algo de menos. Se juntan, se aman, ven películas, oyen música, se emborrachan o fuman hachís como con desgana y aburrimiento. No lo hacen porque les desborde la fuerza vital de sus pasiones, sino porque les falta fuerza para pensar. Estos chicos ni siquiera son transgresores de normas y costumbres, porque la única norma que conocen es que no hay normas, lo único que creen es que nada es digno de crédito, de lo único que están convencidos es de que nada es verdad. Es decir, estos chicos son escépticos, pero no por exceso de crítica, sino por ausencia de pensamiento. En argot: son pasotas.
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Estamos hechos para pensar, esto es, para conocer la realidad, que nos asalta con preguntas y evidencias intranquilizadoras. Pero pensar es doloroso, los datos son molestos y la realidad verdaderamente latosa. Por eso, hace falta mucho instrumento de diversión, mucha conexión con amigos por Internet, mucha repetición de máximas televisivas y, cuando esto no basta, mucho alcohol o suficiente droga para no pensar. Es necesario todo eso en grandes dosis para responder, siempre que se presenta un problema moral, político y religioso: "eso depende", "cada uno ve las cosas a su manera" o "yo paso de esos malos rollos, tío".Estos chicos ¿de dónde han salido? De nuestro sistema de educación estatal.
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Lentamente, a base de sucesivos empujones y codazos el Estado Español, ese gran culpable, ha ido arrinconando la educación religiosa y familiar hasta monopolizar, más, mucho más que en otros países, la educación. Desde los ideales ilustrados contra el analfabetismo, hasta los planes de Villar Palasí, las Logses, las Loes, las Lous y todo ESO, pasando por estatismo educativo de Franco (que, por cierto, las jerarquías eclesiásticas admitieron sin chistar), la maquinaria estatal no ha hecho más que engullir todo el control de la enseñanza. Controla la edad de ingresar obligatoriamente en la educación, su duración y contenidos; controla que los listos no destaquen (por eso no pueden aprender a leer antes de los cinco años) y que los otros no se retrasen y, por ello, se les pasa de curso, hayan aprobado o no.
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Controla la ideología y los métodos de enseñanza, los castigos, los manuales, los exámenes y la preparación de los profesores. Controla el tamaño de los colegios, el de las aulas, el número de cursos y de alumnos por clase, de metros de patio, de gimnasio y de horas de clase, y de todo cuanto se les pueda ocurrir. Controla todo menos lo que debiera, a saber, que no haya bachilleres que no sepan escribir y que no haya profesionales incapaces en las carreras puramente civiles.Las instituciones educativas se han convertido en grandes establos, de régimen cerrado en el caso de colegios e institutos, de régimen abierto en el caso de las universidades. Su fin ya no es educar, es decir, hacer hombres de bien capaces de enjuiciar cualquier asunto, como decía Aristóteles, sino mantener fuera de las calles a los alumnos y "socializarles", es decir, adoctrinarles en el relativismo democrático e igualar a todos en la ignorancia.
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No hablaré de las humillaciones que sufren los profesores. En breve tendrán que dar clase detrás de una urna de cristal acorazado y el orden será mantenido por la policía, como ya va a suceder en Francia. De los conocimientos sólo contaré que en 2º de Bachillerato, justo antes de entrar en la universidad, pregunté quien era anterior, Carlomagno o Alejandro Magno ¡y ninguno lo supo en toda una clase!Dado tan clamoroso fracaso ¿facilita el estado la educación privada o la educación eclesiástica? Nada de eso. Ni hace, ni deja hacer. No permite la enseñanza en casa. Para fundar un colegio no concertado, hay que empezar por poner alrededor de ocho millones de euros sobre la mesa. No digamos para una universidad.
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En Francia, cuna del estatismo educativo, los alumnos pueden estudiar a distancia y basta con una casa, y poco más, para hacer un colegio. He conocido una universidad tradicionalista en París, que expide títulos reconocidos por la Sorbona, y cuyos locales se reducen a dos o tres pisos de un edificio. Aquí no: la constitución declara la libertad de enseñanza, pero el estado pone tales exigencias materiales para que se establezca un colegio o una universidad, que ninguna asociación que no sea muy poderosa puede ni siquiera planteárselo.Los informes Pisa, los de la OCDE y de otros organismos internacionales, han puesto recientemente en la picota el sistema educativo español como uno de los que están a la cola de los países desarrollados.
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Algunos, desde la perspectiva del estado de derecho democrático se han llevado las manos a la cabeza. Por ejemplo Pérez-Reverte, con la delicadeza que le caracteriza, ha puesto de vuelta y media a Zapatero (al cual llama imbécil) y a sus ministros y ministras (cuya madre no se olvida de mentar), porque las sucesivas reformas socialistas --no menos que las del PP-- han dado como resultado la ignorancia supina, la incapacidad de comprender el mundo, en que se halla sumida buena parte de nuestra juventud.Pues bien, no estoy de acuerdo. Desde el punto de vista democrático, es un craso error calificar de desastrosa la educación pública española. Para verlo basta remontarse a Rousseau, padre doctrinal de la democracia, con su Contrato Social y padre, a la vez, de la pedagogía moderna, con su Emilio.
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Una cosa es complementaria de la otra. El pacto social conlleva que "cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general". Si una voluntad particular se niega, por disconformidad, a obedecer a la voluntad general, es lícito someterla por la fuerza. Con ello, según dice Rousseau, se obliga al ciudadano a ser libre, pues sólo la constitución de la voluntad general impide que estemos sometidos a una voluntad de otra persona. La voluntad personal pasa, en lo que se refiera a los asuntos públicos, a ser voluntad general, que, de hecho, se identifica con la voluntad del que ha sido votado. En nuestro caso con la voluntad del Sr. Rodríguez y su corte de los milagros.
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Ahora bien, cuando se ha amputado la voluntad personal en lo que a las cuestiones sociales se refiere; cuando todo el interés por los asuntos comunes, o por la patria, se puede plasmar solamente en el voto a partidos e individuos que harán lo que les venga en gana; cuando todo eso sucede --digo-- es necesario lobotomizar también la inteligencia sobre tales temas. Si se dejara que los españoles fueran educados en el sentido clásico de la palabra, es decir, si pudieran tener una concepción del mundo razonable, que les habilitara para juzgar sobre el bien y el mal en temas de política y en cualquier otro, su sufrimiento sería insoportable y resultarían, además, difícilmente gobernables. Al que le cercenan un órgano le anestesian; lo mismo debe hacerse con el que ha cedido su capacidad decisoria sobre sus deberes más importantes.
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Otra cosa sería crueldad. Los ciudadanos de una democracia sólo deben tener los conocimientos necesarios para la producción; deben limitarse a la profesión que les permite ganarse la vida y pagar los impuestos. Sobre todo lo demás, tienen que estar convencidos de que no cabe conocimiento seguro, y de que todo es cuestión de un gusto que queda a discreción de los representantes de la voluntad general.Por eso, según dice Rousseau en el Emilio, la educación del niño individual deberá "ser puramente negativa, la cual no consiste ni en enseñar la virtud ni la verdad, sino en librar de vicios el corazón y el espíritu del error".
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¿A qué se refiere con eso del vicio y del espíritu de error? Pues a los conocimientos que van más allá de lo que necesita en su vida personal, es decir, a los conocimientos filosóficos y a los que proporciona la Revelación. "Son los filósofos con su preceptos, los sacerdotes con sus exhortaciones los que envilecen" el corazón del niño, dice Rousseau. La enseñanza tiene como finalidad evitar las preocupaciones sobre el futuro, que nacen de la metafísica, de la religión y de la moral: "Si pudierais no hacer nada, ni dejar hacer nada, si lograrais tener sano y robusto a vuestro alumno hasta la edad de doce años, sin que supiera distinguir su mano derecha de la izquierda, desde vuestras primeras lecciones se abrirían lo ojos de su entendimiento a la razón, sin baches ni preocupaciones". Porque así disfrutará de la vida, sin que las teorías y religiones la ensombrezcan. "Padres --recomienda Rousseau--, tan pronto como puedan vuestros hijos gozar del placer de la existencia, haced que disfruten de él, y cuando les llegue la hora en que Dios los llame, no mueran sin haber disfrutado de la vida".
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Vista desde la genuina doctrina de la democracia, la educación pública española es un éxito sin precedentes: tras un larguísimo período de instrucción, que se extiende hasta los veinticinco años, los discentes han aprendido a manejar, con más o menos pericia, unos instrumentos de producción y, sobre todo, han aprendido que nada más puede aprenderse. Se ha logrado que los alumnos no distingan la derecha de la izquierda, no ya hasta los doce años, como dice Rousseau, sino hasta la edad de jubilación. La inmadurez e inconsciencia del adolescente se junta con la recaída en la infancia del anciano. No sólo se les ha extirpado la voluntad particular en beneficio de la voluntad general, sino que se ha completado la operación con la ablación de toda concepción del universo que les permita juzgar con independencia de la voluntad general. Y si usted, amigo lector, duda que sea excelente tal educación, es porque se obstina en conocer, en creer y en desear el bien; es porque, en el fondo, todavía no es usted un demócrata.
(Extraído de la revista "Tradición Católica", Nº221, mayo-junio 2009, con autorización del autor. El artículo reproducido lleva como título "excelencia educativa" en el original)

domingo, 5 de julio de 2009

Ayer se celebró en Madrid un extraño día

Una lección de Sodoma: o subir o bajar
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(José Antonio Ullate F., de "El Brigante", España)

Peter Wood, profesor de antropología en la Universidad de Boston, se preguntaba por las consecuencias sociales de la “normalización” o la “institucionalización” de las conductas sodomitas. No se refería a una mayor o menor tolerancia práctica respecto a individuos marginales y asociales, como sucedía en muchas tribus norteamericanas o en la China anterior a Mao, sino que, como antropólogo, le interesaba el escenario de una sociedad que acepta ese tipo de conductas como “normales” y que regula ciertos ritos relativos a ellas.
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Para encontrar sociedades así, “tenemos que fijarnos en Melanesia –afirma Wood–, donde existen unas docenas de pequeñas sociedades en las que la homosexualidad masculina recibe significación ritual y está plenamente incorporada en la vida de la comunidad. Esto sucedía, por ejemplo, en Nuevas Hébridas, en Nueva Caledonia y en muchas partes de Nueva Guinea”. El antropólogo desarrolla más detenidamente un ejemplo, el de la tribu de los etoro, una comunidad de unos cuatrocientos miembros, en Papúa Nueva Guinea.
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Entre los etoro, desde los doce años, todos los niños varones son sometidos diariamente a unas monstruosas prácticas sodomíticas, ejecutadas por un varón que se les asigna como “pareja”. Más adelante, cada joven etoro recibe una “iniciación” social en una ceremonia sodomítica masiva. A partir de ese momento, el joven pasa a ser el inductor de los mismos ritos que él había padecido previamente y recibe a otro niño como “pareja”. A menudo, “el pareja” sodomita adulto, se casa con la hermana del niño al que degrada. “Costumbres semejantes se dan en muchas otras tribus en las remotas montañas de Nueva Guinea –nos informa Wood–, y estos casos sirven colectivamente como prueba de que no es imposible canalizar la conducta homosexual dentro de un sistema social.
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¿Pero qué tipo de sistema social?” Como indica el profesor, “los etoro ponen grandes obstáculos para la conducta heterosexual. Por ejemplo, marido y mujer sólo pueden realizar la unión conyugal fuera de su casa y para ello están prohibidos dos tercios de los días del año”.Resulta interesante comparar esta información con la que nos proporciona el libro del Génesis (19, 1-25). Dos ángeles, bajo forma de varones, “al caer la tarde”, llegaron a Sodoma, donde encontraron a Lot, “sentado a la puerta de la ciudad”. Lot les rogó que aceptaran su hospitalidad y los ángeles, finalmente accedieron. Entrados en la casa de Lot, éste les preparó una buena cena, pero antes de acostarse, todos los hombres del pueblo (“desde el más muchacho hasta el más viejo”), cercaron la casa. “Y llamando a Lot le dijeron: ¿En dónde están aquellos hombres que al anochecer han entrado en tu casa? Sácalos aquí fuera, para que los conozcamos”.
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Lot, para quien la hospitalidad ofrecida era una obligación sagrada, llegó a ofrecer indignas alternativas a la muchedumbre depravada, antes que desamparar a sus huéspedes. “Más ellos le respondieron: Quita allá. Y aún añadieron: Hace poco que viniste a vivir entre nosotros como extranjero, ¿y quieres ya gobernar?” Le amenazaron con tratarle aún “peor que a ellos”. Los ángeles intervinieron y rescataron a Lot, y “a los de afuera, del menor hasta el mayor, hirieron de una especie de ceguera, de modo que ya no pudieron atinar más con la puerta”.
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Advirtieron los ángeles a Lot que debía sacar a todos los suyos de la ciudad, pues “vamos a arrasar este lugar, por cuanto el clamor contra las maldades de estos pueblos ha subido de punto en la presencia del Señor, que nos ha enviado a exterminarlos”. Aparte de otras muchas provechosas reflexiones, hay en estos ejemplos –particularmente en la narración del Génesis– una lección que deberíamos tener bien presente: toda sociedad que “normaliza” la conducta sodomítica, la impone. Los etoro, como los primeros sodomitas, como toda sociedad en la que esas inmoralidades tienen curso legal, las imponían. Ni los etoro son libres para decidir, ni lo eran los sodomitas o lo que por Sodoma pasaban. Y a quien discrepe, se le responde como a Lot: ¿acaso nos quieres gobernar?
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Evidentemente, la ley de Sodoma llegaba a hacer obligatorio lo que permitía, lo mismo que la etoro.Tengámoslo en cuenta. No es posible un mero “respeto a la diversidad”. La dinámica de las sociedades humanas es invariable. Como decía el dictum 60 de Saavedra Fajardo, en su “Idea de un Príncipe político cristiano”: “si no crece el Estado, mengua. O subir o bajar”. El sabio murciano, decía que la sociedad es como “la saeta impelida del arco: o sube, o baja”.
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En España, hoy existe un “reconocimiento” de los “derechos de los homosexuales”, entre los que destaca una regulación de un “matrimonio”; una asignatura obligatoria permite que la gran mayoría de los textos presenten las conductas sodomíticas como “una opción” y a quienes, conformándonos con la ley natural y la doctrina católica, las reprobamos, se nos trata despectivamente, aplicándonos un necio neologismo: “homófobos”. Como “la educación es el mejor medio para cambiar mentalidades”, los niños españoles, reciben su adoctrinamiento ritual nefando. No tan lejos –en el orden intelectual– de los niños etoro.

Hoy se “celebra” en Madrid, un día del “orgullo” sodomita, lo cual no es más que la ritualización de esta situación atroz. Pero hoy, como en los tiempos del castigo a Sodoma, no faltan quienes piensan “a mí nadie me va a obligar a esas cosas. Yo desapruebo estos actos, pero que cada cual haga lo que quiera”. Es el caso de los que nunca llegaron a ser yernos de Lot. Cuando el padre de sus futuribles esposas les avisó del inminente castigo que se cernía sobre la ciudad y que había que apremiarse para huir, “a ellos les pareció que hablaba como en broma y no quisieron salir”. Su estólida confianza fue premiada con una ducha de azufre y fuego, la misma que cayó sobre el colectivo gay de Sodoma.
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¿Por qué éste, como el pecado del homicidio del inocente, “claman al cielo”? Por su especial malicia, dicen los teólogos: porque atacan la misma médula del orden social y son particularmente destructores del bien común. “Se entiende por pecados que claman al cielo –decía el P. Royo Marín O.P.– aquellos que envuelven una especial malicia y repugnancia abominable contra el orden social humano. […] en virtud de su especial injusticia contra el orden social, parecen provocar la ira de Dios y la exigencia de un castigo ejemplar para escarmiento de los demás”. No son, ni mucho menos, “opciones personales” con las que se puede o no estar de acuerdo.
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Pero no sólo eso: dado que su malicia afecta directamente al orden social y al bien común, sus repercusiones recaen sobre todo el cuerpo social. Una vez más, la típica miopía católica liberal que quiere recluirnos en el sagrario de nuestros hogares y nuestras conciencias, absteniéndonos de tales depravaciones pero sin combatirlas en el fuero externo, nos aboca a ser cómplices de un mal que destruye la sociedad, luego nos daña a todos. Pensémoslo.

martes, 30 de junio de 2009

TV a la basura !

CÓMO LA TV DEFORMA A NUESTROS HIJOS
(Estrella Abascal Fraile, de ABC de Madrid, 28-06-09)
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Adolescentes que viven con padres ignorantes, inmaduros o egoístas; jóvenes que deben asumir responsabilidades que no se corresponden con su edad y que mantienen relaciones sexuales con Adultos, que en muchos casos son sus profesores.Estas son algunas de las tramas que la población infantil observa en la pequeña pantalla. Pero, «de todos los programas analizados, los más preocupantes son la serie «Física y Química» que emite Antena 3 y la ya retirada de Cuatro «HKM»», explica a ABC el presidente de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC),
Alejandro Perales. Ambas reúnen todos los valores negativos que se desprenden del estudio presentado esta semana por el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid y la AUC.
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Influencia sobre el niño
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Los menores, que son fácilmente influenciables, suelen ver televisión sin vigilancia de un adulto, de ahí que El Defensor haya solicitado este estudio de 86 series que cuestionan la figura paterna y que podrían influir en los comportamientos sociales de sus hijos.
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El informe de la AUC refleja un público infantil que tiende a identificarse con unos roles sociales -de los protagonistas- cuyos valores no son positivos, y pretende instar a las productoras a que modifiquen los mensajes que transmiten. En este sentido, Alejandro Perales confiesa su pesimismo: Las compañías televisivas «no van a renunciar al beneficio para hacer una programación positiva para nuestros hijos». Utilizan algunos problemas como el sexo, las drogas y el alcohol, para atraerlos banalizando su consumo. «Creo que los adultos envidian a los adolescentes y por eso se les estigmatiza como problemáticos, pero quienes realizan estas series son los adultos», concluye.

miércoles, 25 de febrero de 2009

TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD (I)

Un modo desviado de ver las realidades más altas, hoy algo tan común.
Pintura de Francisco Bacon deformando "artísticamente" el lienzo que Velázquez dedicó al Papa Inocencio X
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Entrevista al presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos, Doctor Tonino Cantelmi
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ROMA, lunes 23 febrero 2009 (ZENIT.org).- Al día de hoy, entre las diversas formas de desviación juvenil, se asiste a la expansión del cada vez más preocupante fenómeno del satanismo cultural, con la complicidad de la fácil disponibilidad de contenidos esotéricos en internet y la falta de valores fuertes en la familia. 


Está convencido de ello el doctor Tonino Cantelmi, psiquiatra y presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos (http://www.aippc.net/), coautor con la psicoterapeuta Cristina Cacace del libro en italiano "El libro negro del satanismo" ("Il libro nero del satanismo", editorial San Paolo), que habla de una verdadera invasión de los llamamientos a la cultura satánica a través de libros, revistas pero sobre todo la blogosfera y el cine.


Cantelmi pone en guardia en concreto sobre los nuevos dramáticos escenarios que esperan al hombre en el próximo decenio, y que no serán ya paraísos opiáceos sino temáticos: Second Life, los 'chat', internet, facebook, etc proyectan una perspectiva de humanidad deprimidida, más compulsiva.
 En esta entrevista concedida a ZENIT, Cantelmi explora el confín entre posesiones demoníacas y psicopatologías.




El hombre sin rostro ya dejó de amar a Dios

--¿Nuestra sociedad hipertecnológica está de verdad tan fascinada por el satanismo?

--Cantelmi: La verdadera cuestión es: ¿nos encontramos ante crueles aduladores de Satanás o ante frágiles hijos de los tiempos actuales? Según nuestros cálculos, en Italia hay unas cinco mil personas que están afectadas directamente con un tema satanista, pero estamos asistiendo a un satanismo cultural y al desarrollo de un satanismo ateo, en el que Satanás es la ocasión para un ulterior encubrimiento, es una evolución.



Si hasta el otro día el satanismo se escondía tras las sombras de las ciudades o en pueblos, hoy, en red, el satanismo ha adquirido pleno derecho de ciudadanía: se ha convertido en un producto de consumo. 



Nuestros jóvenes son atraídos por una serie de creencias, sectas, religiones diferentes. En el muestrario examinado, en el 76% de los casos, se interesan por la magia, cartomancia, ritualismo, iniciación, esoterismo; mientras que el contacto con material satánico es facilísimo en el 78%, sobre todo a través de la música, cinematografía, libros e internet.

Respondiendo a preguntas más específicas, más de la mitad de los jóvenes confiesa que tiene curiosidad por el satanismo; un joven de cada tres declara sentirse atraído; el 10% dice que si Satanás le asegurase la felicidad no tendría dificultad para seguirle. Signo este de infelicidad y del sufrimiento que hay en el mundo actual. Una frase muy difundida en la red, en todas las páginas introductorias de sitios satánicos, es de John Milton extraída de "Paraíso Perdido": "Mejor soberanos en el infierno que siervos en el paraíso".

--¿Se puede hablar por un lado de fenómenos sobrenaturales y por otro de patologías psiquiátricas? ¿Existe una zona gris de confín en la que estos elementos se confunden?


--Cantelmi: En un estudio llevado a cabo entre una decena de personas, entre las cuales --según exorcistas-- había seguramente fenómenos sobrenaturales, emergieron también problemas psiquiátricos. La tarea se complica muchísimo si el problema es distinguir entre personas que sufren enfermedades psiquiátricas y las que viven experiencias sobrenaturales. Lamentablemente la fragilidad psíquica es un modo de entrada extraordinario de sufrimientos de todo tipo. Esto indica que psiquiatras y exorcistas deben colaborar.

Muchos psiquiatras son indiferentes, relegan el mundo del exorcismo al de la superstición; la psiquiatría y la psicología son ciencias relativamente jóvenes que han tenido que luchar para definir sus propios estatutos epistemológicos y que tienen muchas áreas fronterizas. Ya sólo establecer lo que es normal y lo que es patológico exige aportaciones de la antropología y de la filosofía.



Freud, que para nosotros es como prehistórico, categoriza el fenómeno religioso dentro de los problemas neuróticos; tiende a no ver en ellos consistencia, realidad; tiende a ver su aspecto de vivencia neurótica. Precisamente en estos momentos estoy denunciando la discriminación que los pacientes creyentes sufren en las psicoterapias porque sus valores son a menudo ridiculizados por muchos terapeutas o en la mayoría de las veces ignorados.

En 1999, fundamos la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos con el objetivo de ayudar a la psicología y a la psiquiatría dialogar con otras ciencias, con la antropología y con la teología, convencidos de que una psicología honesta puede enriquecerse con aportaciones diferentes.



Una cosa que hay que combatir son los sincretismos, es decir los "psicosantones", los psiquiatras, los psicólogos que bendicen, que rezan con sus pacientes. ¡El psiquiatra debe ser psiquiatra! Creo, además, que nosotros los psiquiatras no podemos explicar toda la realidad humana. He descubierto que los exorcistas son personas muy avanzadas. Logran señalar el sufrimiento psíquico y a encomendar con confianza sus pacientes al tratamiento del psiquiatra. Los exorcistas están absolutamente abiertos a la aportación de los psiquiatras.



--¿Qué tipo de problemas psíquicos puede simular la posesión demoníaca?



--Cantelmi: Entrando en lo especifico de la psiquiatría, se abren ante nosotros dos grandes ámbitos: el delirio y las alucinaciones. Llamamos delirio al trastorno del pensamiento, mientras que las alucinaciones son un trastorno de las percepciones. Son dos áreas psicopatológicas desde el punto de vista psíquico: el pensamiento es un proceso mental que comporta la manipulación de símbolos; se da a través de la formación de conceptos, de mecanismos de abstracción, de generalización, del razonamiento, procesos elaborados que usan reglas para llegar a resultados concretos.

Los psiquiatras distinguen dos grandes áreas de síntomas en lo que se refiere a los trastornos del pensamiento: los de contenido que se refieren a las ideas y empeñan toda el área del delirio, y los formales que se refieren al modo en el que estas ideas se unen.


¿Cómo se identifica el delirio? Ante todo hay que decir que el delirio es inmodificable, no se puede superponer a la crítica, se caracteriza por un contenido no coherente con la realidad. Hay delirios fácilmente detectables y otros en cambio mucho más consistentes y mucho más difícilmente detectables.



El delirio puede ser estrambótico, privado de lógica, o sistemático, y por tanto con una lógica interna. El delirio puede ser de varios tipos: de influencia, de referencia, de persecución, de grandeza, de celos -- el cónyuge es un traidor--, erotomaníaco --una persona importante está enamorada de mí-- , hipocondríaco, somático --siento que mi hígado es de cristal--, místico, de culpa, de ruina, nihilismo --el paciente está convencido de que está muerto--.




Un sacerdote progresista celebrando la misa nueva ¿en estado de delirio?

El delirio es un síntoma de varias patologías, por ejemplo, a la excitación maníaca y aquí las cosas se complican porque el paciente en este estado es un paciente inteligente, activo, propositivo, que quizá tiene un delirio de grandeza y que quizá tiene incluso alucinaciones, ve cosas, oye voces, se construye una realidad, la articula y la explica bien. Puede ser convincente y puede resultar muy difícil captar estos aspectos.

En un delirio de influencia, el sujeto siente que en su cabeza se meten pensamientos, está convencido se ser teledirigido.




Gran parte de los delirios son de persecución: el sujeto interpreta que acontecimientos y hechos tienen lugar contra él. Otra característica es que este contenido es siempre interpretado como autorreferencial: pasa un coche y toca la bocina, para mí, si estoy delirando, es una señal, confirma lo que estoy pensando, es decir refiero a mí mismo una serie de experiencias casuales.




Algunos delirios se esconden, hay gente que delira y se lo guarda. Hoy la sociedad competitiva desarrolla más delirios de persecución, de amenaza, de agresión, pero el punto importante es que el delirio no está sólo, se acompaña con trastornos de las percepciones, que en general confirman el delirio.

Por ejemplo, en el delirio de envenenamiento (hay alguien que me está envenenando), cuando pruebo cierto alimento noto el sabor del veneno, tengo una alucinación gustativa, percibo su olor. Tuve un paciente que echó abajo una pared porque tenía una alucinación olfativa, olía a azufre y estaba convencido de que en aquella pared estaba el demonio. 



Las alucinaciones visivas pueden ser de dos tipos: veo que se me aparece la Virgen o no la veo, pero mi cerebro construye una imagen, tiene alucinaciones olfativas, gustativas, visuales, táctiles...



Los más frecuentes son los delirios auditivos, es decir, cuando oigo voces que comentan mi actuación, que me ofenden, que me agreden, que no me dejan en paz, que me mandan hacer algo, voces teológicas que me dan el sentido de lo que estoy haciendo, voces que interpretan a los demás, voces que indican un comportamiento. Entonces, puedo sentirme perseguido por una persona, siento que su mirada me está diciendo muchas cosas, oigo que es una voz varonil, es la voz de Dios.


Entre las perturbaciones del pensamiento está también la ensalada de palabras, el hablar asociando ideas y conceptos por asonancia, sin ni siquiera conocer su sentido. En la esquizofrenia, el sujeto inventa palabras, neologismos, habla con ritmo y parece que verdaderamente habla otra lengua, aún no teniendo ninguna pertinencia con otra lengua.



Los trastornos formales del pensamiento pueden también ser positivos: el sujeto habla mucho, de manera detallada; se da también el fenómeno de la fuga de las ideas, es decir, se bloquea porque las palabras no logran ya seguir su pensamiento, que va velocísimo. O la incapacidad para hacer asociaciones mentales (el sujeto parte de un punto y no llega nunca a decir lo que tiene que decir).

Está luego la glosolalia, es decir la expresión de mensajes reveladores, con palabras incomprensibles, típico de los esquizofrénicos, cuando el sujeto está convencido de tener un anuncio para la humanidad. O la ecolalia, es decir la imposibilidad de hablar si no es repitiendo lo que otros dicen. Se da también un eco de los gestos, cuando las personas no hacen otra cosa que repetir los gestos que ven hacer.


Luego están los trastornos negativos, como el bloqueo de las ideas: el sujeto responde siempre del mismo modo, tiene pobreza de elocución. El punto álgido de los trastornos formales del pensamiento es el trastorno obsesivo que se caracteriza por pensamientos, impulsos, imágenes que yo siento como extraños y trato de alejar, pero sin lograrlo, y para hacerlo tengo que recurrir a ritos, compulsiones.

Tengo un paciente obsesivo que mientras recita Laudes por la mañana, empieza a pensar en una persona. El pensamiento obsesivo, que es un pensamiento incluso mágico, se le insinúa y le dice: "Aquella persona hoy morirá", "soy responsable de la muerte de esa persona", "si me sucede en este salmo, lo repetiré nueve veces", piensa mi paciente.



Muchas personas obsesivas sienten a menudo el impulso de reír en un funeral y blasfemar en una iglesia. En realidad, el paciente obsesivo no lo hace nunca, no cede, pero sufre por ello y lo combate. porque luego su vida está hecha de impulsos que son la cara comportamental de las obsesiones. La vida de un obsesivo se transformará con el tiempo en una vida terrible y dolorosa de compulsiones. Desde siempre este tipo de psique que ya Freud definía como "parásita" ha penetrado en la humanidad y desde siempre la obsesividad ha sido considerada una locura lúcida pero de gran sufrimiento.


(Por Mirko Testa, traducido del italiano por Nieves San Martín)
Continúa en la próxima entrada

TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD (II)

Entrevista al presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos, Doctor Tonino Cantelmi



ROMA, miércoles 25 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- La actual crisis de las relaciones interpersonales explica la fragilidad psíquica de las personas en estos momentos, considera el presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos. El doctor Tonino Cantelmi, en la segunda parte de esta entrevista concedida a ZENIT, desvela los escenarios de depresión, malestar y angustia que a menudo abren las puertas al satanismo, como respuesta fácil e inmediata a la búsqueda del sentido de la vida.
* * *
--En la anterior conversación hablábamos de los orígenes del delirio, pero hay otro fenómeno que generalmente se mezcla con el delirio, el trastorno de la percepción...
--Cantelmi: Sí, y las percepciones pueden ser de diversos tipos: tenemos ilusiones, alucinaciones, las paraedolias y las pseudoalucinaciones. Las ilusiones, que son errores compatibles con el estado emocional del sujeto, pertenecen a la humanidad de nuestro ser, no dan lugar a patologías. Son las alucinaciones las que dan lugar a patologías. Cuando se trata de paraedolias, veo una mancha en la pared y me parece un animal, son pseudoalucinaciones.
Muchos no hablan de oír voces, pero lo comprendes porque mientras les hablas parece que estén escuchando otra cosa.
Quizá la voz le está diciendo: "Te puedes fiar" o "no te fíes". Aquí nos encontramos ante una falsa percepción sensorial no asociada a estímulos externos. Puede incluso darse una interpretación delirante de la experiencia alucinatoria.
Algunas alucinaciones que acompañan el adormecerse se llaman hipnagógicas y se dan también en contextos normales. Podemos tener formas de alucinación cuando nos dormimos o nos despertamos, pero no son patológicas. Las alucinaciones pueden también ser de mando: las más frecuentes son las auditivas; las visuales se dan sobre todo en los estados de excitación maniacal, en la cual el sujeto ve e interactúa con divinidades; las olfativas, las más frecuentes, está ligadas a alucinaciones relativas al olor de azufre, y las táctiles son muy interesantes y muy extendidas: se tiene la sensación de que alguien o algo, algún insecto, alguna realidad o entidad tienen que ver conmigo. Especialmente si hay una estructura de personalidad histérica, lo más frecuente es la percepción de relaciones sexuales.
La esquizofrenia es una patología inmensa. Es el gran enigma de la psiquiatría. Sobre la esquizofrenia tenemos muchísimo conocimiento pero no tenemos ni conocimientos definitivos ni intervenciones farmacológicas o terapéuticas resolutivas. Hay un gran número de pacientes esquizofrénicos con las formas más extrañas, más extravagantes, más clamorosas, más escondidas. La vieja histeria se ha descompuesto, por la actual nosografía, en varios grupos sintomáticos: Los trastornos somatoformes, el trastorno histriónico de personalidad, y la fuga psicógena.
Actualmente, asistimos a una trasformación de los trastornos de la ansiedad hacia trastornos somatoformes, es decir síntomas físicos de todo tipo que no se incluyen en patologías médicas de origen psicológico. Un ejemplo es la ceguera histérica, cuando alguien que no ve (y recupera la vista en la noche de Pascua) como le sucedió a una paciente mía histérica. Es un caso específico que he seguido personalmente.
A otro tipo de histeria lo hemos llamado trastorno de personalidad histrionico, en personas especialmente sugestionables, necesitadas de atenciones y muy dependientes. Otros trastornos histéricos los hemos convertido en la fuga psicógena: el sujeto de repente se escapa de casa y ya no recuerda nada, tienen amnesia sobre lo que han hecho; o el sujeto olvida todo lo que le sucedió sin un evento traumático.



Luego están los trastornos de personalidad. Gran parte de ellos contaminan a muchas de las personas que vienen a pedir ayuda. Todas las formas disociativas, los trastornos de control de los impulsos. Nuestra sociedad, que es extremadamente eficiente, hipercontrolada, ve el incremento del trastorno del control de los impulsos. El sujeto pierde el propio control de repente, en contextos impropios. Se hace agresivo y deshace todo y no logra soportar la tensión y grita. En general, tiene que ver con el área de la agresividad, las formas de transdisociación. Son sujetos que afrontan formas de suspensión de la conciencia según un fundamento disociativo. Se da por ejemplo en quien usa mucho el ordenador.

Un cuadro sobre el que a menudo los padres piden iluminación es el del niño incontenible, que nunca está quieto, que no escucha, que no controla los impulsos, es el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, un cuadro de un niño vivaz que parecería ser presa de un espíritu que le hace hacer mil cosas. Los progenitores no logran contenerlo. El niño en realidad tiene un déficit de atención, es tan veloz que no logra mantener la atención un segundo en lo que le estoy diciendo. Si entra en un supermercado, pone patas arriba todo el supermercado porque se siente atraído por todo con una velocidad extraordinaria.

Algunos que tienen hiperactividad -que no se asocia al retraso mental-- se han convertido en verdaderos genios: como es el caso de Mozart. La sociedad actual asiste a un incremento del número de niños hiperactivos, incontrolables, como si tuvieran un muelle que salta de repente. Además, mientras antes nos impresionaba el abuso de un adulto sobre un niño, hoy estamos impresionados por los abusos de los niños hacia otros niños, un fenómeno muy significativo.

--¿En qué se basa la fragilidad del hombre actual?

--Cantelmi: Hay raíces que un psiquiatra nota y que están en la base de esta nueva fragilidad de nuestro tiempo, ligada sobre todo a la crisis de las relaciones interpersonales. El tercer milenio se caracteriza por una relación "tecno-mediatizada". Hoy no hay nada más difícil, más complejo, más incomprensible que una relación interpersonal estable y duradera. Se teoriza, por ejemplo, sobre la "polifidelidad", es decir la imposibilidad de ser fieles a una sola persona.

"Be happy", un sitio de psiquiatría cosmética, se dirige a las mujeres y afirma que la idea romántica de un hombre durante toda la vida es una idea hoy imposible; si sois románticas, podéis ser entonces "polifieles", fieles a varios hombres. Por tanto, fiel a tu marido en cuanto madre, fiel a tu jefe en cuanto mujer de carrera, fiel a tu amante más joven que tú, en cuanto mujer transgresora.

No sólo es imposible que tú, en la plenitud de ti mismo, puedas darte a otra persona sino que es también imposible que puedas darte a otra persona por largo tiempo. Se teoriza así la monogamia intermitente: fiel sí, pero por poco tiempo. La "polifidelidad" y la monogamia intermitente son sólo dos ejemplos de cómo hoy se considera frágil la dimensión afectiva.

Las raíces de esta crisis se pueden encontrar en la búsqueda exasperada de emociones: estoy bien contigo porque experimento emociones intensas; no siento nada por ti y por esto busco nuevas emociones. La relación interpersonal se convierte por tanto en algo inmediato, no tiene pasado ni futuro. Esto explica la búsqueda de comportamientos compulsivos, de dependencias comportamentales, el uso de la cocaína, etc.

Hay en internet un vídeo que reúne todo esto: la búsqueda exasperada de emociones mediante la cocaína, a través de la transgresión, la imposibilidad de entrar en relación con otro, la soledad, la ambigüedad y el narcisismo.
Este vídeo no comercial dice exactamente, aunque en modo extremo, hacia dónde vamos. Lo ha puesto en la red Marylin Manson con una serie de pequeños signos satánicos, transgresores a su modo. Se ve a un hombre solo, desesperado, que busca contactos, este hombre se ha cortado el corazón (el 'cutting' es un signo satánico), es un hombre ambiguo, ni hombre ni mujer, andrógino; ha profanado la Biblia, esnifando sobre ella cocaína. Gracias a este poco de cocaína, entra en una relación sexual de tipo impersonal, en la que no hay ya personas sino sólo trozos de carne.
Lo que aparece es un mundo hecho de todo, donde el otro es una ocasión para masturbarse; es el hombre que se está cerrando todavía más en sí mismo y acaba muriendo en una especie de suicidio.

La otra raíz de la fragilidad es la ambigüedad, la renuncia al propio papel. El tema de la ambigüedad hace saltar por los aires la responsabilidad, el papel de la pareja. Hoy todo es fluido, no hay masculino y femenino.

Por último, la otra gran raíz es el desarrollo del narcisismo. El hombre de hoy sufre, está en crisis por su incapacidad de relación con el otro y se dirige hacia un mundo hecho de tristezas, depresión, compulsiones y trastornos de la personalidad. La tecnología promete la salvación haciendo comprender que todos estos problemas se pueden resolver, renunciando a la relación cara a cara, y proponiéndole un mundo virtual, lleno de emociones, narcisismo, ambigüedad y enmascaramiento
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(Por Mirko Testa, traducido del italiano por Nieves San Martín)

lunes, 22 de diciembre de 2008

Nuestros hijos, esos maleducados...

Toda una generación
deseducada por el paradigma de Mayo del 68
Ahora sus hijos siembran la desesperanza




En su edición del 21 de diciembre, el ABC de Madrid publica un notable reportaje:

Arrumbada la autoridad, instalado el presentismo y borrados los límites, una generación de jóvenes que no conoce el esfuerzo amenaza con dilapidar la paz social con dilapidar la paz social y pulverizar el progreso. Y, descuide, no son bárbaros invasores: los hemos criado, son nuestros hijos

El “prohibido prohibir” no se arregla de hoy para mañana. Viene un tiempo duro. El futuro está en juego. ¿Cómo dejarlo en manos de quienes son incapaces de asumir su responsabilidad?
La característica principal de los jóvenes actuales es el hecho de estar señalados por el gravísimo proceso de deseducación que desde finales del siglo XX está marcando a las sociedades europeas.
El rebajamiento de los sistemas educativos (se pierden los conocimientos a velocidad de vértigo como, por ejemplo las lenguas clásicas, la Literatura nacional y universal, la Historia y, en general, todo aquello que posibilitaba el análisis de las causas de los fenómenos) y su sustitución por una simple formación técnica y pseudocultural ha hecho aparecer un fenómeno que cada vez resulta más alarmante: la confusión entre realidad y ficción. Ha surgido lo que algunos sociólogos llaman la juventud 'redmediática'; es decir, jóvenes que consumen sobre todo productos imaginarios y simbólicos.
Lo problemático de este consumo redmediático de imaginarios virtuales aparece cuando a esa deseducación generacional se le dan unos sustitutos tecnológicos de la realidad tan exacerbados que la confusión y el caos entre lo imaginario y la vida real se alteran absolutamente. Así, se cuelgan en la red, como si se tratase de una película o un juego de rol, palizas vandálicas, asesinatos a personas débiles, acciones impensables en 'jóvenes normales'. Es como si no fuera con ellos lo que les pasa o pasa a su alrededor. Es la infantilización de la sociedad».

Son los vástagos criados en la abundancia y bajo la religión espuria de que no sólo todo es posible sino que además tienes derecho a tenerlo. Es el opio que alimenta a legiones de tiranos de los que el prestigioso pediatra francés Aldo Naouri («Educar a nuestros hijos, una tarea urgente» (Taurus)) advertía a D7.
La misma conclusión de «estado crítico» de la educación que corrobora el último diagnóstico del Defensor del Profesor en su informe anual, y en el que apostilla que la mayor parte de los problemas se dan en los cursos de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) -de 12 a 16 años, si no han repetido-. «Existe una situación generalizada -dictamina el documento- de falta de atención, desinterés, esfuerzo nulo, ausencia de claridad respecto a sus objetivos, tanto en sus estudios como en la vida. La cultura del esfuerzo, la autodisciplina, el sacrificio y el trabajo bien hecho no significan nada para ellos. Buscan la gratificación inmediata y los logros fáciles. Su filosofía es 'lo quiero y lo quiero ya'. Y esta concepción de la vida la plasman en su forma de actuar, tanto en su entorno social como en el centro escolar».

Lee el artículo completo en:
http://www.hoy.es/20081221/sociedad/maleducados-tirania-limites-20081221.html

martes, 5 de agosto de 2008

Se aproxima el fin de la sociedad de bienestar


El magnate GEORGE SOROS:
“Estamos ante el final de una era: la de la sociedad del bienestar”

NUESTRO COMENTARIO: Es interesante comparar la prensa chilena con la europea en lo que respecta a su visión de sociedad. En líneas generales, la primera muestra optimismo y autocomplacencia en la medida en que aspira a que Chile llegue pronto a ser un país desarrollado. De este modo, la prensa chilena, unos más, unos menos, viene inculcando a sus lectores la masificación del lujo, la popularización de los negocios, la universalización de la tecnologías, insuflando las apetencias de unas subsecuentes maravillas que ya se anuncian, y que empezaremos a tocar como el sediento que bordea un oasis. Botón de muestra típico: el reportaje publicado por un matutino el domingo 3 de agosto del presente, titulado “La Web del futuro y el “mundo feliz”. En el fondo, los medios nos vienen presentando de modo incesante el oro, el vientre y el afán de dominio (la antigua codicia de los tratados de moral) como la pura cepa de la modernidad. Y parecen decirnos: "chileno: ¡ahí están tus dioses!".

La prensa europea, aún en toda su variedad, presenta las cosas de forma bastante diversa. Los países desarrollados ya muestran un dejo de amargura cuando hablan de ese oro, de ese vientre, de esa tecnología, de esos dioses. El futuro no se ve claro, ni siquiera en el campo económico. La manera en que se ha producido ese oro, la forma en que se ha dado satisfacción a ese vientre, el modo en que ha devenido la nueva tecnología, han producido miles de efectos colaterales en las sociedades de bienestar, que ya vislumbra una era del dolor.

Pero el mito desarrollista, por el cual los chilenos insensatos hemos vendido todos nuestros tesoros morales, religiosos y culturales, no lo habremos de probar, mal que le pese a sus mentores. El quiebre definitivo de la sociedad de bienestar se aproxima, con su oro, su vientre y su tecnología.

A este propósito, presentamos extractos de la interesante entrevista que Georges Soros concedió a Katja Gloger de XL Semanal (edición Nº1084), y que el semanario titula “Estamos ante el final de una era: la de la sociedad del bienestar”.

Como se sabe, Soros es dueño de una de las mayores fortunas del mundo, amasada en las artes de la especulación. Hijo de un experto en esperanto, es agnóstico y un auténtico gurú del sistema financiero mundial.


LA NOTICIA: "El hombre que hizo temblar el Sistema Monetario Europeo con sus malabarismos financieros hace tiempo que se ha reconvertido en filántropo y activista político. Saltó a la fama en 1992, cuando sus movimientos especulativos forzaron al Banco de Inglaterra a devaluar la libra esterlina, operación con la que ganó 1.000 millones de dólares. En la actualidad, su fortuna está valorada en cerca de 9.000 millones de dólares. Nadie mejor que él para emitir un diagnóstico sobre la actual crisis económica y sugerir soluciones.
XLSemanal. Señor Soros, ¿cómo se siente un especulador en días como los que estamos viviendo?
George Soros. [Vacila, finalmente sonríe.] No es algo fácil, pero cuando la gente me pregunta a qué me dedico, sigo contestando: «Sí, soy especulador». Especulo en el terreno de las finanzas, pero también en el de las actividades benéficas y en el de la filosofía. Y en este último sentido es en el que más orgulloso me siento de ser un especulador.
XL. Los mercados financieros internacionales, en los que usted ha ganado miles de millones durante estos últimos años, fueron calificados por Horst Köhler, presidente de la República Federal de Alemania, como «un monstruo». ¿Se siente concernido por esa crítica?
G.S. [Vuelve a dudar.] Probablemente haya algo de verdad en esa afirmación. Para ser claro: soy un especulador, pero no defiendo la especulación actual…
XL. ¿Cómo hay que interpretar estas palabras?
G.S. Yo me atengo a las reglas. Y llevo tiempo pidiendo que se mejore el control de los mercados financieros, los criterios para la concesión de créditos, por ejemplo. En ese sentido, el presidente alemán tiene razón. Tenemos que regular mejor el capitalismo, de una vez por todas. Si no lo hacemos, él mismo se acabará destruyendo, nos destruiremos todos.
XL. Parece que ya está pasando: los precios del petróleo y de los alimentos básicos están por las nubes. El Estado del bienestar se encuentra amenazado en los países desarrollados, y en los países pobres ya se han producido huelgas y protestas. ¿Los especuladores están conduciendo al mundo a la próxima gran crisis?
G.S. Es cierto en parte. Cualquier forma de especulación se basa también en la realidad. Tomemos el ejemplo del petróleo: hay gran cantidad de motivos objetivos para que su precio siga subiendo.
XL. ¿Por ejemplo?
G.S. Oferta y demanda. Muchos campos petrolíferos son viejos, su producción se está reduciendo parcialmente, por ejemplo en México y Arabia Saudí, los principales suministradores de Occidente. Esto hace que la oferta sea menor. Además, muchos productores prefieren conservar sus reservas bajo tierra, en la confianza de que los precios sigan subiendo. A esto hay que sumarle la demanda de países como China y la India. Y los precios elevados ayudan a estabilizar regímenes autoritarios y corruptos como los de Venezuela, Irán o Rusia. Es como la maldición de las materias primas. Es algo realmente perverso.
XL. Así que, en realidad, los especuladores son inocentes…
G.S. No, por supuesto que no. Los especuladores han creado la burbuja sobre la que descansa todo. Han tirado de los precios hacia arriba con sus expectativas, con sus especulaciones sobre el futuro, y sus actividades han alterado los precios, los han deformado, sobre todo en el campo de las materias primas. Es como acaparar alimentos en época de hambruna para beneficiarse con la previsible subida de los precios. Esto no debería permitirse. Por eso yo pido que se les prohíba a los grandes fondos de pensiones estadounidenses invertir en materias primas. Los fondos de inversión también deberían atenerse a unos requisitos mínimos si quieren invertir en materias primas. La carrera actual por hacerse con ellas me recuerda a una idea recurrente hace 20 años. En aquella época, todos estaban locos por las llamadas `carteras de seguros´. Al final, los inversores acabaron desequilibrando el mercado. Se cometieron excesos que terminaron en la crisis bursátil de 1987.
XL. ¿No nos encontramos ahora ante la amenaza de una crisis semejante?
G.S. Nos estamos adentrando en la crisis financiera más profunda desde los años 30. En los últimos tiempos hemos visto cómo estallaban varias burbujas, como la de las acciones tecnológicas y, más recientemente, la del mercado inmobiliario. En este último sector, la crisis aún no se ha manifestado en toda su magnitud. Creo que todavía no hemos visto ni la mitad de la caída de precios. En el próximo año habrá más de dos millones de propietarios incapaces de pagar sus hipotecas. Ya se está produciendo una enorme destrucción de patrimonio.
XL. Usted ha llegado a hablar de una `superburbuja´...
G.S. Sí. Empezó a formarse en 1980, cuando se asentó la ideología del fundamentalismo del mercado.
XL. De acuerdo con la cual los mercados debían autorregularse, había que rechazar el intervencionismo estatal y eliminar las limitaciones.
G.S. Había que confiarlo todo a la libre interacción de las fuerzas económicas. En realidad no fue un descubrimiento estadounidense. Comenzó en Gran Bretaña con Margaret Thatcher y fue llevado a Estados Unidos por el republicano Ronald Reagan. El presidente Reagan llegó a hablar de «la magia del mercado». Ni que decir tiene que muchos lo consideran una especie de santo. Pero los tan alabados mercados empezaron a cometer toda clase de excesos que ya no podían ser controlados. Los tipos de interés eran tan bajos en Estados Unidos que los bancos animaban a los ciudadanos a que cada vez pidieran más dinero prestado. Es algo sorprendente, casi irresponsable. Al mismo tiempo existía la confianza de que el Estado intervendría cuando las cosas se pusiesen feas.
XL. Como en el caso del derrumbe del banco de inversiones norteamericano Bear Sterns, acaecido hace sólo unos meses. El Banco Central estadounidense inyectó miles de millones en el sistema bancario para impedir nuevos desastres.
G.S. Sí, así se les salvó el pellejo; prácticamente se compró su libertad. Sin embargo, el supuesto boom acabó convirtiéndose en una crisis. Y eso es lo que estamos viviendo ahora: el final de un superboom, el fracaso de una ideología equivocada. Estamos asistiendo al final de la sociedad del bienestar, al final de una era.
XL. ¿Hasta qué punto está enferma la economía estadounidense?
G.S. Creo que la recesión es inevitable. Estados Unidos prácticamente ha absorbido el dinero de la economía mundial durante años porque el dólar era la divisa base y también una divisa de reserva. Nos hemos dedicado sobre todo a pedir prestado dinero, hemos consumido más de lo que hemos producido y estamos endeudados. Pero el dólar es cada vez menos una divisa de reserva. Los precios suben, las crisis inmobiliaria y crediticia penden sobre nosotros como una espada de Damocles. Apenas tenemos margen de maniobra. Y Europa también ha cometido errores: ha subido los tipos de interés por miedo a la inflación. No es una medida inteligente. Es cierto que la recesión parte de Estados Unidos, pero los europeos están a punto de importarla.

Cuidado con nuestros niños


Cuidado con nuestros niños: La Fiscalía Nacional de España investiga 400 Páginas WEB de habla castellana, que incitan a menores a la anorexia y a las autolesiones
(* La foto que publicamos arriba no pertenece a una de estas páginas)
NUESTRO COMENTARIO: La felicidad prometida por la modernidad materialista, pragmática, consumista y anti-contemplativa es bastante paradójica. Promete libertad, y los adolescentes se perfilan en sus tendencias psicológicas –hasta en el modo de vestirse- cortados por una misma mano invisible, que va imponiendo el nudismo, el neotribalismo y la sensualidad exacerbada del viejo paganismo en las modas, las maneras, las costumbres.

El culto al cuerpo según los padrones físicos que van cambiando casi cada diez años, con un poco estudiado pero enorme poder de atracción, seducción y subyugación, ya impone sus cadenas a niñas de doce años, con consecuencias catastróficas no sólo en el orden moral y religioso –cosa que poco importa a nuestros burgueses amorales y agnósticos- sino también en el orden de la salud mental –cosa de relativa importancia para éstos, pero de mucha trascendencia para nosotros- en este caminar del mundo hacia el caos.

Cuidemos a nuestros niños. La noticia que les presentamos es espantosa. Fue publicada por la prensa española el domingo 20 de julio del presente año 2008, y con especial detalle por el ABC de Madrid. Extractamos lo fundamental, con algunos pequeños cambios de redacción:

LA NOTICIA: “Páginas web que alientan, arropan e instruyen a miles de jóvenes enfermas de anorexia o bulimia. El debate jurídico, alentado por la propia Fiscalía General que fue la que encargó el informe, es sin duda intenso, porque es difícil incardinar estas conductas en un tipo delictivo. Sin embargo, los datos recogidos en el informe dejan muy claro que hay que desactivar esta bomba de relojería que amenaza la salud de muchísimas personas, incluidas niñas de hasta doce años.
El documento policial se ha realizado a partir del estudio de más de 150 páginas web, foros y comunidades, si bien se advierte que puede haber unas 400 sólo en castellano -el 95 por ciento de sus autoras son suramericanas-. La primera conclusión es que todas ellas tienen un elevado número de visitas, entre 1.500 y 8.000, en función del tiempo que estén activas. En cuanto a quiénes se interesan por estas páginas, se trata de mujeres de entre 12 y 28 años, aunque el grupo mayoritario es el del tramo de edad que va de los 14 a los 25.

El 60 por ciento de las usuarias está en una fase de inicio de la enfermedad y las páginas son especialmente peligrosas para ellas porque a través de estos sitios comienzan a descubrir dietas «rápidas», laxantes, medicamentos, así como trucos (tips, en su argot) para engañarse tanto a sí mismas como a sus padres o familiares. Además, todavía no han comenzado a llamar la atención de su entorno y no están sometidas a un control familiar, médico o psicológico.

Otro 23 por ciento de las visitantes de las páginas se encuentran ya en una fase de desarrollo de la enfermedad y el 17 por ciento restante admite encontrarse bajo tratamiento médico. «Este grupo -afirma el documento- es el más preocupante: en primer lugar porque desarrollan mecanismos «defensivos» y encontrando apoyo y refuerzo para «vencer» a los tratamientos y terapias y, en segundo lugar, porque con frecuencia despiertan la admiración de sus compañeras virtuales y por tanto llegan a actuar como líderes del grupo».
Las páginas son un auténtico manual para lograr un engaño masivo: a la propia mente, al estómago, a los padres, a los amigos, con consejos explícitos del tipo «mastica la comida y haz como que vas a tomar agua y tira la comida en el vaso (debe ser un vaso oscuro y sin líquido y que nadie esté cerca para verlo)»; «toma agua media hora antes de comer, y toma un trago entre cada bocado, toma suficiente pero no demasiada (...) ésto ayudará a que la comida salga más fácilmente»; «mete dos o tres dedos (el cepillo de dientes también sirve) tan adentro como puedas en tu garganta, muévelos haciendo un círculo (...) no los saques cuando comiences a sentir asco de otra manera sólo serán intentos y cada vez es más difícil volver a intentarlo»; «no menciones la palabra anorexia»...
Pero sin duda uno de los elementos más sorprendentes es la convocatoria en la red de competiciones entre personas que sufren un trastorno alimentario para ver quién es capaz de adelgazar más en menos tiempo. Son las llamadas «carreras de kilos» que se convocan en las web, a través del messenger y los foros «aportando en ellos sus direcciones de correo electrónico, con cuyos mensajes intercambian información y experiencias». El informe recoge el caso de una chica que se plantea perder el máximo peso posible en el menor tiempo e invita a las demás a participar y a aportar ideas de cómo organizar la competición.
«Yo me apunto a esta carrera -dice unas de las comunicantes-; el consejo que puedo dar es que pongas una lista de puntos por nuestras acciones, por ejemplo si hago ejercicios obtengo cinco puntos y así se van sumando, obviamente la que tenga más puntos y pierda más peso va a ir a la delantera (...) espero que la carrera se realice lo antes posible, creo que nos urge a casi todas». La organizadora revela que hay 45 «princesas (chicas anoréxicas, en su jerga) inscritas y confirmadas. Las he separado en categoría de edades, a ver si así hacen su esfuerzo y ven cómo algunas pequeñas hacen mejores cosas que las más grandotas (...) ¡Doy por empezada la carrera!». Y se adjunta la tabla de puntuación: por ejemplo 10 puntos por ayunar, otros tantos por una hora de ejercicio y así sucesivamente. Las competidoras tienen entre 15 y 18 años.
En estas páginas se encuentran también muchas referencias al suicidio, que «se trata de forma abierta» y son una muestra perfecta de la «depresión y soledad que padecen» las chicas. Igualmente, la presencia de otros trastornos de la personalidad es muy elevada, «tales como síntomas depresivos, ansiedad y dependencia del alcohol y las drogas». «La tendencia a las adicciones se origina debido a la urgencia incontrolable por comer y hacer cualquier cosa con el fin de evitar ingerir comida».
«Pero de todos los contenidos de las páginas los que resultan más preocupantes e incomprensibles son los relativos a las técnicas PRO-SI (Pro Self Injury). Estas técnicas tienen como objetivo principal el auto castigo ante lo que ellas denominan falta de autocontrol, por ingerir comida y no ser capaces de controlar su propia voluntad ante los duros periodos de ayuno que se auto imponen. Además, según su creencia el dolor producido por las heridas (cortes en el cuerpo, quemaduras con cigarrillos,...) les ayuda a quemar calorías y a no sentir el dolor producido por la sensación de hambre».
Los testimonios son escalofriantes: «Me he castigado, una y otra vez, me quemé con un cigarrillo... Me corté la pierna, los brazos y hasta el pie... Me veo diariamente y sólo me siento un muerto viviente... Me doy pena a mí misma»; «soy una bruta, soy una bruta, soy una bruta. No saben cuánto me arrepiento de lo que me hice anoche. Un corte bestial, brutal, exagerado. Sólo de recordarlo me dan escalofríos».
Además de la mención a estas técnicas, existen páginas web y foros especializados en este tema: «Toda persona que se considere self-injure puede entrar -dice uno de ellos-. Es decir, que si tu reacción ante los problemas pasa por hacerte cortes en el cuerpo, golpearte la cabeza contra la pared, quemarte, darte latigazos o causarte dolor de cualquier manera, eres bienvenido». Introducirse en los foros o en las comunidades es cada vez más difícil y sólo quedan disponibles para un círculo muy cerrado de usuarias, ya que se desconfía de todo aquel que no es conocido. Aunque en España hay varios foros que han sido eliminados hay otros que permanecen activos.Estas páginas web también son un «consultorio de medicina» con recetas que ponen en peligro la vida de las personas. Además, se incita al consumo de medicamentos de forma incontrolada e incluso sólo dos de ellos están autorizados por Sanidad para la pérdida de peso y en caso de obesidad, aunque con receta.