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martes, 24 de noviembre de 2009

Oración de los combatientes cristeros

(Elaine M. Jordan, de Tradition in Action, EEUU)
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Cristeros presentan armas en homenaje al Santísimo Sacramento durante la celebración de la Santa Misa al sur de Jalisco
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Los "Cristeros" encarnaron la reacción contra-revolucionaria del pueblo mexicano contra las rigurosas leyes anti-cristianas de la Constitución de 1917 aplicadas por Calles. Buscaban secularizar el país, eliminando toda influencia de la Iglesia Católica en la vida pública y social. Bajo la sombra de dicha Constitución, se elaboraron leyes que limitaban severamente la actividad del clero, expulsaban a los sacerdotes extranjeros, cerraban las escuelas católicas y confiscaban las propiedades de la Iglesia. Posteriormente, las iglesias fueron cerradas y se prohibió la celebración de la Misa.
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El levantamiento popular contra el gobierno Calles comenzó en el estado de Jalisco, en la ciudad de Guadalajara, el 3 de agosto de 1926. Cerca de 400 católicos armados se parapetaron en la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y se enfrentaron a las tropas del ejército, enviado por el ejecutivo para sofocar la revuelta. Los combatientes sólo se rindieron cuando se agotaron las municiones. Pero, desde entonces, Jalisco se volvió el centro de la Contra-revolución cristera, que tomó cuenta de gran parte del país. Su brado de guerra era ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Nuestra Señora de Guadalupe!
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Al final del rezo del Rosario y antes del combate, los cristeros de Jalisco acostumbraban a recitar la siguiente oración:
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Mi Jesús, tened piedad de mí. Mis pecados son más numerosos que las gotas de sangre que derramastes por mí. No merezco pertenecer al ejército que defiende los derechos de vuestra Iglesia y que lucha por ella. No quiero nunca más pecar, para que así mi vida pueda ser una ofrenda agradable a vuestros ojos. Lava mi alma de las iniquidades y purifícame de mis pecados. Por vuestra santa Cruz y por mi Santa Madre de Guadalupe, perdóname.
Ya que no sé cómo hacer penitencia por mis pecados, deseo recibir la muerte como merecido castigo de ellos. No deseo luchar, vivir o morir sino por Vos y por vuestra Iglesia. Oh, Santa Madre de Guadalupe, quédate a mi lado en la hora de la agonía de este pecador. Permítid que mi último brado en la tierra y mi primer cántico en el Cielo pueda ser ¡Viva Cristo Rey!

domingo, 15 de noviembre de 2009

Santo, profeta y carlista:

BEATO FRANCISCO PALAU
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La personalidad extraordinaria del carmelita Francisco Palau, con su celo ardiente y combativo por la causa de Dios y de la Iglesia, hace recordar al profeta Elías, patriarca de la familia carmelitana. Su fiesta se celebra el 7 de noviembre.
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Nacido en Aytona, en Lérida (Cataluña), en una numerosa familia cristiana, Francisco Palau se incorpora al Seminario de Lérida en 1828 e ingresa al Carmelo Teresiano en el convento de San José de Barcelona, haciendo la profesión religiosa el 15 de noviembre de 1832.
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Su convento es profanado e incendiado por los hordas revolucionarias el 25 de julio de 1835. Sufriendo el exclaustramiento vuelve a Aytona. Es ordenado sacerdote el 2 de abril de 1836 por el obispo de Barbastro. En los años 1838-1840 se dedica a una intensa labor como predicador de misiones populares recorriendo toda Cataluña, apoyando a los carlistas, entonces en guerra civil contra los liberales.
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En consecuencia de sus ideas religiosas y políticas fue perseguido. Vivió exiliado en Francia durante doce años (1840-1851). Tres facetas dominan su vida durante estos años: vida contemplativa en la soledad, dirección espiritual de los grupos de solitarios (hombres y mujeres) que se le unen y la defensa de la Iglesia a través de sus escritos. Publica en 1843 su primer libro titulado: "Lucha del Alma con Dios", destinado a despertar la necesidad y fecundidad de la oración por la Iglesia perseguida.
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Tras la firma del Concordato entre España y la Santa Sede, maniobra política del gobierno de Isabel II (1851) Francisco Palau retorna a España, pero los claustros están suprimidos y por ello se pone a disposición del Obispo de Barcelona, quien le acoge y le nombra director espiritual del Seminario.
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Atento a las señales de Dios en la historia y a las necesidades de la Iglesia en poco tiempo programa y organiza la contrarrevolucionaria obra de la Escuela de la Virtud, inaugurada el 16 de noviembre de 1851. Esta Escuela se convierte en un modelo de enseñanza catequética. El impacto de la obra en los medios culturales, religiosos, políticos y sociales se hace sentir muy pronto. Francisco Palau ha movilizado en torno a esta actividad pastoral a todas las fuerzas religiosas de la ciudad, incluida la prensa.
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La intensa actividad de la Escuela llega a preocupar a las fuerzas enemigas de la Virtud, la francmasonería y el liberalismo de la ciudad se conjuran contra Francisco Palau y sus seguidores. Se le acusa de tener participación en las huelgas y disturbios acontecidos en marzo de 1854, y, sirviéndose de esta maniobra artera, los enemigos de Dios consiguen suprimir la Escuela y destierran otra vez a Francisco Palau, esta vez a la isla de Ibiza. Es el 4 de abril de 1854. Allí permaneció hasta que, en 1860, logró la libertad gracias a una amnistía general.
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En Ibiza alterna la predicación popular con la soledad de las rocas del monte El Vedrá, donde vive dentro de una cueva, cuyo único acceso es una grieta. Ahí recibe luces místicas acerca del misterio de la Iglesia.
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El Vedrá. Aquí, en una cueva dentro de las rocas, vivió el santo como ermitaño

En Baleares funda en 1860 dos congregaciones religiosas femeninas - la de las Carmelitas Misioneras y la de las Carmelitas Misioneras teresianas- y dos masculinas, que se extinguieron: la de los Hermanos Carmelitas de la Enseñanza y la de los Hermanos Carmelitas Terciarios.
Dotado por Dios con el don de profecía y milagros, tuvo que soportar varias denuncias y procesos incoados por la masonería por las numerosas curaciones que hacía sin ser facultativo. En diversas ocasiones practicó exorcismos con el más cumplido éxito.

Predicó misiones populares, extendiendo la devoción a la Santísima Virgen a donde quiera que fuese, y produciendo admirables conversiones. Viajó a Roma en 1866 y de nuevo en 1870 para presentar sus preocupaciones sobre el exorcistado al Papa y a los Padres del Concilio Vaticano I.

En 1868, en medio de una tempestad anti-cristiana y anti-clerical, dio inicio a la publicación de “El Ermitaño”, semanario religioso, político y literario. En él se muestra el testigo más lúcido de su tiempo, reconociendo la malicia de los cambios revolucionarios liberales que intentaban transformar la España católica. En ese órgano divulgaba, acerca del futuro de la Iglesia y de varias naciones europeas, análisis y previsiones, así como profecías de sabores bíblicos. Muere en Tarragona el 20 de marzo de 1872 a los 61 años de edad.

Fue beatificado el 24 de abril de 1988.
Artículo extraído de : "Cada dia tem seu Santo", de A. de França Andrade y Los Santos Carmelitas de P. Rafael María López-Melús

Una desconcertante pero esperanzadora profecía del Beato Palau


“Antes que se levante Carlos, u otro rey católico, Dios dirá a un hombre lo que dijo a Moisés: “Ahí tienes una vara: en ella ostentaré a todas las naciones mi existencia y mi omnipotencia”. A este hombre serán entregados a discreción los demonios, para ser arrojados del cuerpo de la sociedad actual, del cuerpo de las naciones…

A este hombre obedecerán tierra, infierno y cielos, los elementos y la naturaleza entera: este hombre estará en pie firme insignitis et potentis ante reges horrendos, ante esos reyes con quienes ahora Pío IX tiene que transigir, y en ese hombre terminará el sistema de las transacciones; este hombre, el más extraordinario que hayan visto los siglos, tendrá el poder de “percutere terram omni plaga quoties cumque volverit”, este hombre es escogido por la Reina de este monte Carmelo por el general en jefe de todos los ejércitos de Dios, y este hombre está a las órdenes de su Reina, escondido en el monte santo, y preparado para el día y hora en que Dios ha marcado su misión, y por este hombre la Reina del Carmelo restituirá a su orden la sociedad humana…

“¿Cuándo vendrá? Cuando nadie lo crea; cuando todas las naciones hayan consumado en la persona de sus reyes la apostasía de la Fe; cuando veas al diablo gloriándose en su triunfo, resistiendo al poder de los católicos. Cuando el diablo llegue al extremo de presentarse al frente de todos los reyes de la Tierra dando en guerra contra Dios bajo su lema propio: ¡Revolución! Cuando vosotros los encargados de arrojarle al abismo, seáis impotentes para vencerle por causa de vuestra incredulidad. Entonces aparecerá al mundo este hombre para anunciarle su fin…

“Sí: “venturus est et restituet omnia”, pero será despreciado y horriblemente perseguido de los mismos católicos, porque son estos los que han perdido al mundo por su incredulidad…”
(El Ermitaño, Año III, n° 89, 21 de julio de 1870)

“No se conoce otro restaurador que él. Si viene la restauración verdadera que consiste en la conversión a Dios de todas las naciones y de sus reyes, el restaurador no puede ser un rey, sino un apóstol… Y este apóstol será Elías, el Elías prometido, sea cual fuere el nombre que al parecer se le dé. Llámese Juan, Moisés, Pedro, el nombre importa poco; la misión de Elías restaurará la sociedad humana porque así Dios lo tiene en su Providencia ordenado”.
(El Ermitaño, Año IV, n° 113, 5 de enero de 1871)

miércoles, 15 de abril de 2009

El discernimiento de espíritus

El discernimiento de espíritus se adquiere por el gusto espiritual
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Diadoco de Foticé
CAPITA CENTUM DE PERFECTIONE SPIRITUALI
6.26.27.30


Diadoco, obispo de Fótice, en el Epiro, es uno de los grandes ascetas del siglo V. No se sabe casi nada de su vida. Focio (Bibl. cod. 231) menciona al "obispo de Fótice, Diadoco de nombre", entre los adversarios de los monofisitas durante el tiempo del Concilio de Calcedonia (451). Su firma aparece en una carta dirigida al emperador León por los obispos del Epiro después del asesinato del obispo Proterio de Alejandría, a manos de los monofisitas, el año 457. Murió probablemente hacia el 468. El texto que va a continuación pertenece a los "Capítulos del camino de perfección espiritual"

El auténtico conocimiento consiste en discernir sin error el bien del mal; cuando esto se logra, entonces el camino de la justicia, que conduce al alma hacia Dios, sol de justicia, introduce a aquella misma alma en la luz infinita del conocimiento, de modo que, en adelante, va ya segura en pos de la caridad.
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Conviene que, aun en medio de nuestras luchas, con­servemos siempre la paz del espíritu, para que la mente pueda discernir los pensamientos que la asaltan, guar­dando en la despensa de su memoria los que son buenos y provienen de Dios, y arrojando de este almacén natural los que son malos y proceden del demonio. El mar, cuando está en calma, permite a los pescadores ver hasta el fon­do del mismo y descubrir dónde se hallan los peces; en cambio, cuando está agitado, se enturbia e impide aquella visibilidad, volviendo inútiles todos los recursos de que se valen los pescadores.
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Sólo el Espíritu Santo puede purificar nuestra mente; si no entra él, como el más fuerte del evangelio, para ven­cer al ladrón, nunca le podremos arrebatar a éste su pre­sa. Conviene, pues, que en toda ocasión el Espíritu Santo se halle a gusto en nuestra alma pacificada, y así tendre­mos siempre encendida en nosotros la luz del conocimiento; si ella brilla siempre en nuestro interior, no sólo se pondrán al descubierto las influencias nefastas y tenebro­sas del demonio, sino que también se debilitarán en gran manera, al ser sorprendidas por aquella luz santa y glo­riosa.
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Por esto, dice el Apóstol: No apaguéis el Espíritu, esto es, no entristezcáis al Espíritu Santo con vuestras malas obras y pensamientos, no sea que deje de ayudaros con su Luz. No es que nosotros podamos extinguir lo que hay de eterno y vivificante en el Espíritu Santo, pero sí que al contristarlo, es decir, al ocasionar este alejamiento en­tre él y nosotros, queda nuestra mente privada de su luz y envuelta en tinieblas.
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La sensibilidad del espíritu consiste en un gusto acerta­do, que nos da el verdadero discernimiento. Del mismo modo que, por el sentido corporal del gusto, cuando dis­frutamos de buena salud, apetecemos lo agradable, discer­niendo sin error lo bueno de lo malo, así también nuestro espíritu, desde el momento en que comienza a gozar de plena salud y a prescindir de inútiles preocupaciones, se hace capaz de experimentar la abundancia de la consola­ción divina y de retener en su mente el recuerdo de su sabor, por obra de la caridad, para distinguir y quedarse con lo mejor, según lo que dice el Apóstol: Y ésta es mi oración: Que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores.

domingo, 12 de abril de 2009

SCIMUS CHRISTUM SURREXISSE


Scimus Christum surrexisse a mortuis vere: tu nobis, victor rex, miserere.
¡Sabemos que Cristo ha resucitado de entre los muertos! Tú, ¡oh rey triunfador!, apiádate de nosotros.
(Secuencia de la Misa del Domingo de Pascua)

miércoles, 8 de abril de 2009

SEMANA SANTA PARA NUESTROS DIAS DE DESOLACIÓN

(Meditación de Plinio Corrêa de Oliveira)

Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli, Madrid

La Iglesia y nosotros.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Nuestro Señor Jesucristo es la Cabeza de ese Cuerpo Místico. La Iglesia, fundada por Él, constituye una sociedad jerárquica en la cual San Pedro es el Jefe y los Obispos son los Príncipes locales. El Papa es el Monarca de la Iglesia, que tiene autoridad sobre los Obispos y sus súbditos.

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Un punto muy importante de la doctrina católica es el siguiente: el Sumo Pontífice ejerce una autoridad completa tanto sobre los Obispos como sobre cada fiel. No corresponde a la verdad imaginar que el Papa mande a los Obispos, y por medio de ellos, a los fieles. La autoridad del Papa es directa sobre todos los fieles.
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Si la autoridad del Pontífice fuese indirecta, en el caso que diese una orden y el Obispo la rechazase, los fieles no estarían obligados a acatar la orden del Papa. Cuando el Sumo Pontífice da una orden, el Obispo debe ejecutarla. Si él no lo hiciese, el fiel debería acatarla de todas maneras, sabiendo que es el Papa quien lo ordena. La autoridad del Papa es, por lo tanto, directa sobre los Obispos y sobre cada fiel. Ésta es la estructura jurídica de la Iglesia. Pero, más allá de su estructura jurídica y constituyendo un todo con Ella, existe el Cuerpo Místico de Cristo.
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El Cuerpo Místico de Cristo y la Redención Nuestro Señor Jesucristo murió en la Cruz, y el sacrificio que ofreció de su vida constituye un tesoro de gracias infinito, que es incalculable. Y que está destinado a todos los fieles, de todos los tiempos, de todos los lugares, hasta el fin del mundo.
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Por lo tanto, esas gracias se destinan para la salvación de todos los fieles. Más aún, sirven también para atraer hacia la Iglesia a aquellos que no pertenecen al gremio de Ella –es decir herejes, cismáticos, judíos, mahometanos, etc.– en virtud de las gracias que Nuestro Señor Jesucristo alcanzó en lo alto de la Cruz. Él es el Redentor.
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Penitentes del Padre Cristo de Medinaceli, Madrid
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La Santísima Virgen es la Corredentora. Por sus lágrimas, Ella concurrió para redimir al género humano. Y porque quiso darle esa función nobilísima, Él deseó que las lágrimas de su Santa Madre fuesen también tomadas en consideración por el Padre Eterno, para redimir al género humano y hacer parte del tesoro de la Iglesia.
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Pero también fue voluntad del Redentor que nuestros sufrimientos individuales, soportados por amor a Él, integrasen el tesoro de la Iglesia. Constatamos entonces, que es por esa razón que los santos sufren inmensamente. Es porque ellos, con su padecimiento, igualmente representan algo para el tesoro de la Iglesia.
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La Santa Madre dolorosa
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Simbolismo sublime de la gota de agua
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Esto es simbolizado de un modo muy hermoso en la Misa. Cuando llega el momento del Ofertorio, el sacerdote coloca una gota de agua en el vino que será transubstanciado. El agua no puede ser consagrada, porque Nuestro Señor Jesucristo estableció que la Consagración fuese hecha sólo con pan y vino. Si se quisiera consagrar sólo el agua, no se opera la transubstanciación.
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Pero aquella agua diluida en el vino forma un solo líquido con éste, y a la hora de la Consagración ella es consagrada también. De manera que aquella gota de agua, incapaz de por sí sola ser transubstanciada en el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, lo es a pesar de todo por hallarse diluida en el vino. Es el símbolo del sacrificio de los fieles.
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Nuestro sacrificio por sí solo no vale nada, pero unido al de Cristo Nuestro Señor y a las lágrimas de María Santísima, pasa a valer algo. Es el símbolo que nos anima a sufrir en nuestras luchas, persecuciones, trabajos, incomprensiones y dificultades. Sufrimos y seguimos adelante. Nuestro sacrificio aumenta, simbólicamente, la gota de agua.
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Es decir, aumenta la contribución que Nuestro Señor Jesucristo quiso que fuese también indispensable para la salvación de los hombres. Él podría habernos dispensado de esto, pero fue su deseo darnos la gloria de asociarnos al tesoro de la Santa Iglesia. Así, cuando nos abrace el sufrimiento, recordemos: tal padecimiento es la gota de agua. Pero ella ciertamente será juntada a los sufrimientos indecibles de Cristo y a los sufrimientos preciosísimos de María, para redimir a todo el género humano.
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Por eso no conozco quién pueda hacer algo mejor por la Iglesia, que sufrir por Ella. Bajo este punto de vista, existen algunos que rezan y otros que trabajan, pero para sufrir... todo el mundo siente miedo y casi nadie desea padecer. Si la Santísima Virgen nos envía un sufrimiento, debemos aceptarlo contentos. Sufriendo, seremos más útiles a la Iglesia de que si profiriésemos un lindo discurso, montásemos una gran asociación o realizásemos cualquier otra cosa.
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Tesoro de la Iglesia: “Banco de lo sobrenatural”
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El conjunto de ese tesoro de la Iglesia es la conjunción de las almas que sufren. Nuestro Señor Jesucristo, en el Santo Sacrificio de la Misa, renueva siempre su Pasión de modo incruento –no derrama más sangre–, pero verdaderamente la renueva. Y nosotros, en último análisis, bien abajo, también en algo aumentamos ese tesoro, formando el conjunto una especie de Banco de lo sobrenatural. Pero Nuestro Señor Jesucristo es tan superior a todo el resto, que Él es la Cabeza de ese tesoro. Y los demás constituimos el cuerpo de ese tesoro.
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Nuestro Señor es el Hombre-Dios. Y como Dios, para Él no hay presente, ni pasado, ni futuro. Todo es simultáneo. Presente, pasado y futuro son propios a nosotros, ligados a un cuerpo material. El Divino Redentor, por lo tanto, vio todo cuanto habría de pecado hasta el fin del mundo, y sufrió a causa de esos pecados. Conoció a cada hombre, a cada alma. Y durante su Pasión rezó por cada hombre que habría de existir, por cada alma, hasta el fin del mundo. Y hasta rezó por las almas que después rehusaron la gracia y fueron precipitadas al infierno.
Esta actitud supone una extraordinaria generosidad.
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Los días de la Semana Santa y su significación
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El Miércoles Santo se inicia propiamente la parte más densa de la Semana Santa, en que se conmemora la Pasión de Nuestro Señor. Se rezaba en la Iglesia el Oficio de Tinieblas. Se trata del Oficio que canta las tinieblas que van cubriendo el mundo, porque Nuestro Señor está siendo perseguido.
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Después, el Jueves Santo se celebra la Misa en que se conmemora la institución de la Sagrada Eucaristía. Terminado el Santo Sacrificio, el sacerdote conduce el Santísimo Sacramento hasta una bonita caja, de madera dorada, llamada Monumento. Como Nuestro Señor, después de la Última Cena, sufrió la Pasión y murió, después de la Misa que celebra la Cena, en las iglesias no se tocan más campanas. Se realiza la ceremonia consonante al desvestido de los altares, en que el celebrante va de altar en altar, retira las flores, los jarrones, apaga las velas. Los altares quedan desnudos de todos los ornamentos, como si el culto hubiese cesado, porque Nuestro Señor está muerto, yaciendo en aquella caja dorada, el Monumento. Todas las señales de alegría en la Iglesia cesan.
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El Viernes Santo se conmemora la muerte de Nuestro Señor. Es el día en que se venera solemnemente la Cruz. Los sacerdotes colocan junto al altar una gran cruz. Y los fieles, cantando himnos de dolor, van uno a uno, a besar las llagas, las manos y los pies del Redentor. Besan también la llaga del costado, perforada por la lanza de Longinos. Cuando llega el Obispo, todo se detiene. Entra con paramentos purpúreos, con una capa púrpura, descalzo en señal de penitencia, y atraviesa la iglesia. Llega hasta el crucifijo y lo besa también. Después se retira al interior del templo. Y todo queda en silencio, inmóvil.
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El Sábado de Gloria, la Iglesia ya inicia las ceremonias con las alegrías de la Resurrección. Al medio día comienzan a repicar las campanas ¡para anunciar a Cristo resucitado! En algunos lugares hay aún la costumbre de hacer unos muñecos grotescos, que llaman Judas. Esa era la ocasión de quemar al Judas, el traidor, mientras todas las campanas de las iglesias tocan sin parar ¡en conmemoración de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo!
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El Domingo de Pascua, la Iglesia se muestra toda florida y victoriosa. Cristo resucitó, se celebra la Misa de Pascua.
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Significado de la Semana Santa aplicado a nuestra época
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El Miércoles Santo debemos amar a la Iglesia como padeciente en los días de hoy. Y apliquemos a nuestros días las tinieblas que van dominando al mundo. La oscuridad del pecado, del desorden, de la abominación que va cubriendo la Tierra, en todos los sentidos, son tinieblas.
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El Jueves Santo conmemoremos la resistencia que Nuestro Señor opuso a todas esas tinieblas. Él instituyó la Sagrada Eucaristía para estar con nosotros en todas las ocasiones. Debemos comulgar con especial devoción y también lamentar su próxima muerte. Pero llorar como pecadores, pues sabemos que lo ofendimos en el pasado, y debemos llorar nuestros pecados la vida entera.
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San Pedro, por ejemplo, por haber negado a Nuestro Señor, lloró el resto de su existencia. Según la tradición, cuando murió (fue crucificado de cabeza abajo por los romanos) tenía dos surcos en el rostro, por donde le corrieron las lágrimas durante su vida. A nosotros nos cabe también labrar en nuestra alma dos surcos: el de la tristeza de los pecados que cometimos y el del pesar por los pecados que otros practican. Con todo, no debe ser esa una tristeza apenas llorona, ¡sino tristeza de varón, como la de San Pedro! En otras palabras, ¡la indignación contra nuestros pecados!
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De nada sirve irritarme con el pecado de otros y no indignarme con el mío. Primero es con el mío, pues quien pecó fui yo. Fui yo el autor de mi pecado. “Quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere” – se dice en el Confiteor. ¡Porque pequé muchísimo de pensamiento, palabra y obra, por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa! Así, la idea de los propios pecados y de los pecados de los otros debe entrañarse en nuestras almas, especialmente en estos días benditos de Semana Santa.

* Conferencia pronunciada el 19 de marzo de 1989. Sin revisión del autor. Traducción al español del sitio http://www.fatima.org.pe/seccion-verarticulo-133.html

sábado, 28 de marzo de 2009

SANTA TERESA DE LISIEUX Y LAS CRUZADAS

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Me quedé dormida un segundo durante la oración. Y soñé que hacían falta soldados para una guerra. Tú dijiste: Hay que mandar a sor Teresa del Niño Jesús. Yo respondí que hubiera preferido mucho más que fuera para una guerra santa. Finalmente, partí, lo mismo.
No, yo no hubiera tenido miedo de ir a la guerra. ¡Qué feliz hubiera partido, por ejemplo, en tiempos de las cruzadas para combatir a los herejes! ¡Ya lo creo! ¡No hubiera tenido miedo a toparme con la espada!
(4.8.6)
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¿Es posible que yo, que deseaba el martirio, me muera en una cama? (4.8.7)
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(“Ultimas conversaciones”, del “Cuaderno amarillo” de la Madre Inés, 4 de agosto de 1897)

EL CONCILIO DE EFESO Y LA MADRE DE DIOS

SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA CANTA LA GRANDEZA DE LA THÉOTOKOS
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El Concilio de Efeso (año 431) fue probablemente aquel en que se dio una mayor proximidad y comunicación entre los obispos presentes y el pueblo fiel. Una comunicación contemporánea, porque la definición de que María es Madre de Dios fue aclamada en una memorable procesión de antorchas en el anochecer de aquel mismo día.
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La Basílica de Santa María la Mayor en Roma, que fue el primer templo occidente dedicado a Nuestra Señora, es el monumento conmemorativo de la definición de Efeso. Sentiremos este fervor mariano del gran Doctor de la Encarnación del Verbo, San Cirilo de Alejandría (370-444), en su modo de hablar en un sermón pronunciado ante el Concilio de Efeso, en el que podemos encontrar como en inicio del lenguaje de todos los grandes apóstoles de María: de San Bernardo de Claraval, de San Luis María Grignion de Montfort, de San Alfonso María de Ligorio, de San Antonio María Claret. En San Cirilo encontramos la vida y el ambiente del Magisterio de la Iglesia al definir Pío IX la Inmaculada Concepción de María.
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Oigamos a San Cirilo en Efeso:
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Salve oh María, Madre de Dios, Virgen y Madre, lucero y vaso de elección! ¡Salve, Virgen María, Madre y Sierva: Virgen en verdad por Aquel que nación de ti, Virgen; Madre por virtud de Aquel que llevaste en pañales y nutriste con tus pechos; Sierva por Aquel que tomó de Siervo la forma! Quiso entrar como Rey en tu ciudad, en tu seno, y salió cuando le plugo, cerrando por siempre su puerta, porque concebida sin obra de varón, y fue divino tu alumbramiento. ¡Salve, María, templo donde mora Dios, templo santo, como le llama el profeta David! ¡Salve, María, criatura de la más preciosa; Salve, María, antorcha inextinguible; Salve, porque de ti nació el Sol de Justicia!
.San Cirilo de Alejandría

Salve María, Madre de Dios, morada de la inmensidad, que encerraste en tu seno al Dios inmenso, al Verbo unigénito, produciendo sin arado y sin semilla, la espiga inmarcesible! ¡Salve, María, Madre de Dios: por ti adoraron a Cristo los Magos guiados por la estrella de oriente! ¡Salve, María, Madre de Dios, honor de los apóstoles! ¡Salve, María, Madre de Dios, por quién Juan, el Bautista, saltó de gozo en el seno de su madre! ¡Salve, María, Madre de Dios, que trajiste al mundo la gracia inefable de la que dice San Pablo: “ha aparecido la gracia de Dios, salvador de todos los hombres”!
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¡Salve, María, Madre de Dios, que hiciste brillar en el mundo, al que es luz verdadera, al que es Nuestro Señor Jesucristo, al que dice en su Evangelio: "yo soy la luz del mundo”! ¡Salve, María, Madre del que los Evangelios llaman bendito: “bendito el que viene en nombre del Señor
”! ¡ ¡Salve, María, por quien se poblaron de iglesias nuestras ciudades ortodoxas! ¡ ¡Salve, María, por quien vino al mundo el vencedor de la muerte y el destructor del infierno! ¡ ¡Salve, María, por quien vino al mundo el autor de la creación, el restaurador de las criaturas y Rey de los cielos!
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¡Salve, María, Madre de Dios, por quien resplandeció la gloria de la resurrección! ¡Salve, María, Madre de Dios, por quien lució el sublime bautismo de santidad! ¡ ¡Salve, María, Madre de Dios, por quien el Bautista y el Jordán fueron santificados y fue destinado el demonio! ¡Salve, María, Madre de Dios, por quien todo espíritu fiel alcanza la salvación eterna ( Patrología Graeca de Migne 73, col.1031-1034)
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(Cfr. Francisco Canals Vidal, "Los siete primeros concilios. La formulación de la ortodoxia católica", Ed. Scire, colección "Historia viva", 2003, pp.103-105)

miércoles, 25 de febrero de 2009

ORACION DEL ALMA ENAMORADA


¡Oh Divino Jesús! que durante la noche estáis solitario en tanto tabernáculos del mundo, sin que ninguna de vuestras criaturas vaya a visitaros y adoraros. Yo os ofrezco mi pobre corazón, deseando que todos sus latidos sean otros tantos de amor y adoración. Vos, Señor, estáis siempre en vela bajo las especies Sacramentales, vuestro amor misericordioso nunca duerme ni se cansa de velar por los pecadores.
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¡Oh Jesús amantísimo!, ¡Oh Jesús solitario!, haced mi corazón cual lámpara encendida; en caridad se inflame y arda siempre en vuestro amor. Vela ¡oh centinela Divino!, vela por el mísero mundo, por los sacerdotes, por las almas consagradas, las extraviadas, por los pobres enfermos cuyas noches interminables necesitan tu fortaleza y tu consuelo, por los moribundos y por ésta tu humilde siervo(a) que, para mejor servirte, descansa pero sin alejarse de Ti, de tu Sagrario... donde vives en la soledad y el silencio de la noche.Sea siempre bendito, alabado, adorado, amado y reverenciado el Corazón Sagrado de Jesús en todos los Sagrarios del mundo. Amén



ORACIÓN DEL ALMA ENAMORADA
(San Juan de la Cruz)

“Señor Dios, Amado mío: si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos.Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieres aceptar, y hágase.
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Y si a las obras mías no esperas, ¿Qué esperas, clementísimo Señor mío? ¿Por qué te tardas? Porque si, en fin, ha de ser gracia y misericordia la que en tu Hijo te pido, toma mi pobreza pues la quieres, y dame este bien, pues que tú también lo quieres.
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¿Cómo se levantará a ti el hombre engendrado y criado en bajezas, si no le levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste?
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(Y es que)
Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí.
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Pues ¿Qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto y todo es para ti.No te pongas en menos ni repares en migajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera, y gloríate en tu gloria; escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón."
Amén.

miércoles, 18 de febrero de 2009

CÓMO PODEMOS BUSCAR A DIOS

San Agustín

2. Dios, Creador de todas las cosas, dame primero la gracia de rogarte bien, después hazme digno de ser escuchado y, por último, líbrame. Dios, por quien todas las cosas que de suyo nada serían, tienden al ser. Dios, que no permites que perezca ni aquello que de suyo busca la destrucción. Dios, que creaste de la nada este mundo, el más bello que contemplan los ojos. Dios, que no eres autor de ningún mal y haces que lo malo no se empeore. Dios, que a los pocos que en el verdadero ser buscan refugio les muestras que el mal sólo es privación de ser. Dios, por quien la universalidad de las cosas es perfecta, aun con los defectos que tiene. Dios, por quien hasta el confín del mundo nada disuena, porque las cosas peores hacen armonía con las mejores. Dios, a quien ama todo lo que es capaz de amar, sea consciente o inconscientemente. Dios, en quien están todas las cosas, pero sin afearte con su fealdad ni dañarte con su malicia o extraviarte con su error. Dios, que sólo los puros has querido que posean la verdad. Dios, Padre de la Verdad, Padre de la Sabiduría y de la vida verdadera y suma, Padre de la bienaventuranza, Padre de lo bueno y hermoso. Padre de la luz inteligible, Padre, que sacudes nuestra modorra y nos iluminas; Padre de la Prenda que nos amonesta volver a ti.


3. A ti invoco, Dios Verdad, en quien, de quien y por quien son verdaderas todas las cosas verdaderas. Dios, Sabiduría, en ti, de ti y por ti saben todos los que saben. Dios, verdadera y suma vida, en quien, de quien y por quien viven las cosas que suma y verdaderamente viven. Dios bienaventuranza, en quien, de quien y por quien son bienaventurados cuantos hay bienaventurados. Dios, Bondad y Hermosura, principio, causa y fuente de todo lo bueno y hermoso. Dios, luz espiritual, en ti, de ti y por ti se hacen comprensibles las cosas que echan rayos de claridad. Dios, cuyo reino es todo el mundo, que no alcanzan los sentidos. Dios, que gobiernas los imperios con leyes que se derivan a los reinos de la tierra. Dios, separarse de ti es caer; volverse a ti, levantarse; permanecer en ti es hallarse firme. Dios, darte a ti la espalda es morir, convertirse a ti es revivir, morar en ti es vivir. Dios, a quien nadie pierde sino engañado, a quien nadie busca sino avisado, a quien nadie halla sino purificado. Dios, dejarte a ti es ir a la muerte; seguirte a ti es amar; verte es poseerte. Dios, a quien nos despierta la fe, levanta la esperanza, une la caridad.



Te invoco a ti, Dios, por quien vencemos al enemigo. Dios, por cuyo favor no hemos perecido nosotros totalmente. Dios que nos exhortas a la vigilancia. Dios, por quien discernimos los bienes de los males. Dios, con tu gracia evitamos el mal y hacemos el bien. Dios, por quien no sucumbimos a las adversidades. Dios, a quien se debe nuestra buena obediencia y buen gobierno. Dios, por quien aprendemos que es ajeno lo que alguna vez creímos nuestro y que es nuestro lo que alguna vez creímos ajeno. Dios, gracias a ti superamos los estímulos y halagos de los malos. Dios, por quien las cosas pequeñas no nos empequeñecen. Dios, por quien nuestra porción superior no está sujeta a la inferior. Dios, por quien la muerte será absorbida con la victoria (1Co 15, 54). Dios, que nos conviertes. Dios, que nos desnudas de lo que no es y vistes de lo que es.


Dios, que nos haces dignos de ser oídos. Dios, que nos defiendes. Dios, que nos guías a toda verdad. Dios, que nos muestras todo bien, dándonos la cordura y librándonos de la estulticia ajena. Dios, que nos vuelves al camino. Dios, que nos traes a la puerta (Mt 7, 8). Dios, que haces que sea abierta a los que llaman. Dios, que nos das el Pan de la vida. Dios, que nos das la sed de la bebida que nos sacia (Jn 6, 35). Dios, que arguyes al mundo de pecado, de justicia y juicio (1Co 16, 8). Dios, por quien no nos arrastran los que no creen. Dios, por quien reprobamos el error de los que piensan que las almas no tienen ningún mérito delante de ti. Dios, por quien no somos esclavos de los serviles y flacos elementos (Ga 4, 9). Dios, que nos purificas y preparas para el divino premio, acude propicio en mi ayuda.

4. (...) Óyeme, escúchame, atiéndeme, Dios mío, Señor mío, Rey mío, Padre mío, principio y creador mío, esperanza mía, herencia mía, mi honor, mi casa, mi patria, mi salud, mi luz, mi vida. Escúchame, escúchame, escúchame según tu estilo, de tan pocos conocido.


6. A ti vuelvo y torno a pedirte los medios para llegar hasta ti. Si tú abandonas, luego la muerte se cierne sobre mí; pero tú no abandonas, porque eres el sumo Bien, y nadie te buscó debidamente sin hallarte. Y debidamente te buscó el que recibió de ti el don de buscarte como se debe. Que te busque, Padre mío, sin caer en ningún error; que al buscarte a ti, nadie me salga al encuentro en vez de ti. Pues mi único deseo es poseerte; ponte a mi alcance, te ruego, Padre mío; y si ves en mí algún apetito superfluo, límpiame para que pueda verte. Con respecto a la salud corporal, mientras no me conste qué utilidad puedo recabar de ella para mí o para bien de los amigos, a quienes amo, todo lo dejo en tus manos, Padre sapientísimo y óptimo, y rogaré por esta necesidad, según oportunamente me indicares. Sólo ahora imploro tu nobilísima clemencia para que me conviertas plenamente a ti y destierres todas las repugnancias que a ello se opongan, y en el tiempo que lleve la carga de este cuerpo, haz que sea puro, magnánimo, justo y prudente, perfecto amante y conocedor de tu sabiduría y digno de la habitación y habitador de tu beatísimo reino. Amén, amén.

(Cfr. Los Soliloquios, Cap.I)
Traducción del P. Victorino Capánaga OAR

jueves, 12 de febrero de 2009

LOURDES: SU MARAVILLOSO SIGNIFICADO


Antes de las apariciones de la Santísima Virgen en Lourdes, apenas era conocida en el mundo esta población situada en la falda de los Pirineos; nadie la nombraba, permaneciendo en la oscuridad del olvido y entre las nieves que coronan sus montañas.
Pero ¡qué cambio más asombroso no se ha verificado! Hoy su nombre corre de boca en boca, ha traspasado los montes, ha salvado las distancias, y es pronunciado con entusiasmo y amor en América como en Europa, en Africa como en Asia, y en la dilatada Oceanía. ¿ Qué prodigo se ha obrado?

Era el once de febrero de mil ochocientos cincuenta y ocho, cuando una sencilla y humilde niña, por nombre Bernardita, al intentar pasar el Gave que corre al oeste de Lourdes para recoger, como su hermana María y otra amiga de ésta, un poco de leña, entre las sinuosidades de las rocas de Massabielle, oyó un ruido como de suave brisa, que lentamente agitaba las ramas de los árboles. Levanta su vista, y sus ojos no distinguen objeto alguno; se reproduce la agitación en las ramas y vuelve a mirar; a sus ojos aparece entonces una visión celestial.


Una Señora rodeada de una claridad que brilla más que el sol, pero que ni daña ni ofusca como éste, sino que por el contrario atrae y admira; una Señora de incomparable hermosura, cubierta con un velo blanquísimo, mas que la nieve que se halla en la cima de las próximas colinas, y ceñida con un cinturón azul. Los pies de tan admirable hermosura descansan en la roca, rozando ligeramente el ramaje de un rosal silvestre, dejando ver sobre cada uno de ellos una rosa de oro. Sus manos cruzadas tenían un rosario, cuyas cuentas de alabastro, engarzadas con cadena de oro, se deslizaban entre sus dedos, guardando, sin embargo, un silencio misterioso.

Los ojos de la excelsa Señora se habían fijado llenos de benignidad en la niña, que se hallaba asombrada, extasiada y como fuera de sí. Aquella hizo la señal de la cruz, y la niña entonces tomando su rosario, empezó a rezarlo, durando la visión celestial hasta que lo terminó; y concluido, la celestial Aparición volvió a la eterna morada, de donde había venido, dejando en pos de sí un rayo luminoso, que al poco tiempo también se desvaneció. Durante sucesivos días concurriría Bernardita a la cita con la Señora del Cielo, iniciando una historia que no termina hasta los días de hoy.


Santa Bernardita, a quien la Virgen apareció en Lourdes

Los designios de Dios son incomprensibles. Precisamente en un siglo de soberbia y orgullo, en un siglo de racionalismo cual fue el siglo XIX, que pretendía haber acabado con todo lo sobrenatural y divino; en la nación bien amada donde los enemigos de la Iglesia más trabajaban por extender y propagar todos los errores, que tienen por fundamento no admitir más que el orden puramente natural, fue ahí donde la Santísima Virgen apareció.

Precisamente en esa época y en esa nación, donde los sectarios anti-cristianos negaban con más fuerza no sólo el pecado original, sino también la elevación por la gracia divina de la naturaleza humana; donde no se quería admitir la intervención divina en las cosas de los hombres; ahí fue donde Dios Nuestro Señor quiso destruir el fundamento de todos los errores; y para ello, se sirvió del instrumento al parecer más despreciable. De Bernardita, una niña pobre, débil e ignorante, que no sabía otra cosa que rezar el Sto. Rosario. Fue de ella de quien Dios se valió para vencer al mundo, confundir a los soberbios, humillar a los sabios y conseguir tan señalada victoria.

El cuerpo de Santa Bernardita está incorrupto, como queriendo mostrar al mundo incrédulo y apóstata de nuestros días quién es la Señora del Cielo y cómo está vigente su mensaje llamando a los hombres a la penitencia



En Lourdes el hecho sobrenatural es permanente, puesto que la fuente misteriosa que allí brota y los efectos asombrosos que sus aguas producen lo evidencian; allí ha recibido el naturalismo su más rudo golpe y la fe una confirmación maravillosa. Guardémonos de todos los errores, que puedan mancillar en lo más mínimo nuestra fe, avivémosla más y más cada día y repitamos con el Profeta: ¡Séquese, Señor mi mano derecha y quede pegada mi lengua al paladar antes que dejar de amarte y adorarte!

ORACIÓN DE SAN BERNARDO
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos; animado con esta confianza a Vos también acudo, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a parecer ante vuestra presencia soberana; no desechéis, Madre de Dios, mis humildes súplicas, antes bien escuchadlas y dignaos acogerlas benignamente. Amén.

domingo, 11 de enero de 2009

Santo Tomás de Aquino:

La Pasión de Cristo es suficiente para modelar por completo nuestra vida

§2 Como dice San Agustín, la Pasión de Cristo es suficiente para modelar por completo nuestra vida. Quien quiera vivir a la perfección, no tiene que hacer más que despreciar lo que Cristo despreció en la Cruz, y desear lo que El deseó. En la Cruz no falta ningún ejemplo de virtud.
Si buscas un ejemplo de caridad, "nadie tiene mayor caridad que dar uno su vida por sus amigos" (Jn 15,13). Esto lo hizo Cristo en la Cruz. Por consiguiente, si dio por nosotros su vida, no debe resultarnos gravoso soportar por El cualquier mal. "¿Cómo pagaré al Señor todo lo que me ha dado?" (Ps 115,12).
Si buscas un ejemplo de paciencia, extraordinaria es la que aparece en la Cruz. Por dos cosas puede ser grande la paciencia: o por soportar uno pacientemente grandes sufrimientos, o por soportar sin evitar lo que podría evitar.
Cristo en la cruz sobrellevó grandes sufrimientos: "Vosotros todos los que pasáis por el camino, fijáos, y ved si hay dolor semejante a mi dolor" (Lam 1,12); y pacientemente, pues, "cuando padecía, no profería amenazas" (1 Pet 2,23); "como oveja será llevado al matadero, y como cordero ante quien lo esquila enmudecerá" (Is 53,7). Además pudo evitárselos, y no los evitó: "¿Piensas que no puedo rogar a mi Padre, quien pondría a mi disposición inmediatamente más de doce legiones de ángeles?" (Mt 26,53).
Grande fue, por tanto, la paciencia de Cristo en la Cruz. "Con paciencia corramos nosotros a la lucha que se nos presenta, poniendo los ojos en Jesús, el Autor y Consumador de la fe, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin miedo a la deshonra" (Heb 12,1-2).
Si buscas un ejemplo de humildad, mira al Crucificado: Dios quiso ser juzgado bajo Poncio Pilato, y morir. "Tu causa ha sido juzgada como la de un impío" (Iob 36,17). Como la de un impío auténtico: "condenémoslo a la muerte más infame" (Sap 2,20). El Señor quiso morir por su esclavo; El, que es vida de los ángeles, por el hombre. "Hecho obediente hasta la muerte" (Philip 2,8).
Si buscas un ejemplo de obediencia, sigue al que se hizo obediente al Padre hasta la muerte. "Como por la desobediencia de un solo hombre fueron hechos pecadores muchos, así también serán hechos justos muchos por la obediencia de uno solo" (Rom 5,19).
Si buscas un ejemplo de menosprecio de las cosas terrenas, sigue al que es Rey de reyes y el Señor de los que dominan, en quien están los tesoros de la sabiduría: en la Cruz aparece desnudo, burlado, escupido, azotado, coronado de espinas; le dan a beber hiel y vinagre, muere. No te aficiones, por tanto, a los vestidos ni a las riquezas, puesto "que se repartieron mis vestiduras" (Ps 21,19); ni a los honores, pues yo sufrí burlas y azotes; ni a las dignidades, porque trenzando una corona de espinas la pusieron sobre mi cabeza; ni a los placeres, ya que "en mi sed me dieron a beber vinagre" (Ps 68,22).

A propósito de Heb 12,2: "El cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin miedo a la deshonra", comenta Agustín: "Jesucristo hombre despreció todos los bienes de la tierra para indicar que deben ser despreciados".


Santo Tomás de Aquino,
"Exposición del Símbolo de los Apóstoles", C. 4, 2.

EL AVE MARÍA y EL ROSARIO: SIGNO DE CONTRADICCIÓN

VERDAD OLVIDADA

Todos los herejes, que son hijos del demonio, y que llevan las señales evidentes de la reprobación, tienen horror al avemaría; aprenden el padrenuestro, pero no el avemaría y preferirían llevar sobre sí una serpiente antes que un Rosario.

Entre los católicos, los que llevan el signo de la reprobación no se cuidan apenas del Rosario, son negligentes en rezarlo o lo rezan con fastidio y precipitadamente. Yo no sé, ni veo con claridad cómo es que una devoción aparentemente tan pequeña puede ser señal infalible de eterna salvación, y su defecto, signo de reprobación; y no obstante, nada más cierto.

Nosotros mismos vemos que quienes en nuestros días profesan las doctrinas nuevas condenadas por la Iglesia, a pesar de su piedad aparente, descuidan la devoción del Rosario y con frecuencia lo separan del corazón de quienes les rodean, con los pretextos más hermosos del mundo. Se guardan muy bien de condenar abiertamente el Rosario y el escapulario, como hicieron los calvinistas; pero su manera de conducirse es tanto más perniciosa cuanto más sutil.

San Luis María Grignion de Montfort
"El Secreto admirable del Santo Rosario", Nº50

lunes, 17 de noviembre de 2008

En el Mes de María

Invoca a María, Estrella del Mar
(San Bernardo)


"Y el nombre de la Virgen era María” (Lc. 1,27).
Hablemos un poco de este nombre que significa, según se dice, Estrella del Mar, y que conviene maravillosamente a la Virgen Madre. (...) Ella es verdaderamente ésta espléndida estrella que debía levantarse sobre la inmensidad del mar, toda brillante por sus méritos, radiante por sus ejemplos.

¡Oh! tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta estrella.

Si el viento de las tentaciones se levanta, si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino, mira la estrella, invoca a María.
Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo, de la ambición, de la murmuración, de la envidia, mira la estrella, invoca a María.
Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros sacuden la frágil embarcación de tu alma, levanta los ojos hacia María.

Si, perturbado por el recuerdo de la enormidad de tus pecados, confuso antes las torpezas de tu conciencia, aterrorizado por el miedo del Juicio, comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza, a despeñarse en el abismo de la desesperación, piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María.
Que su nombre nunca se aparte de tus labios, jamás abandone tu corazón; y para alcanzar el socorro de su intercesión, no descuides los ejemplos de su vida.
Siguiéndola, no te extraviarás, rezándole, no desesperarás, pensando en Ella, evitarás todo error.

Si Ella te sustenta, no caerás; si Ella te protege, nada tendrás que temer; si Ella te conduce, no te cansarás; si Ella te es favorable, alcanzarás el fin.
Y así verificarás, por tu propia experiencia, con cuánta razón fue dicho: “Y el nombre de la Virgen era María”.

(San Bernardo, alabanzas de la Virgen María, “Super missus”, 2ª homilía, 17 - apud Pierre Aubron SJ, L’ouvre mariale de Saint Bernard, Edition du Cerf, Paris, Les Cahiers de la Vierge, n° 13-14, marzo de 1936, pp. 68-69)

viernes, 14 de noviembre de 2008

Quién reza se salva, quién no reza se condena

San Alfonso María de Ligorio:
El gran medio de la oración



San Alfonso María de Ligorio es uno de los santos más venerados de la Iglesia. Nacido en Nápoles el 26 de septiembre de l696 en el seno de una familia de alta aristocracia, se destacó pronto por su brillante inteligencia. A los 16 años recibe ya la toga de abogado tanto en derecho civil y canónico.

La vida le prometía una brillante carrera, pero en la cima de su prestigio abandona todo para hacerse religioso. Su frase "¡Mundo, te conozco! ¡... Adiós, Tribunales!” aún retumba a nuestros oídos.

Después de su conversión se transformará en apóstol de Nuestra Señora e infatigable luchador contra todas las formas de herejías. Fue Doctor entre los teólogos a la vez que afamado predicador popular. Fue Obispo, fundador de los Redentoristas, pero también poeta y músico. Escribió alrededor de 111 obras que alcanzaron rápidamente 20.000 ediciones en más de 70 lenguas.

San Alfonso fue declarado doctor de la Iglesia el año 1871 y patrono de los moralistas católicos el año 1950.

Una de sus obras más populares es "El gran medio de la oración". Seleccionamos de aquí un trecho tremendo, que nos hace meditar profundamente sobre el papel de la oración en nuestras vidas.


Nada más claro que el lenguaje de las Sagradas Escrituras, cuando quieren demostramos la necesidad que de la oración tenemos para salvamos... Es menester orar siempre y no desmayar.. Vigilad y orad para no caer en la tentación. Pedid y se os dará... Está bien claro que las palabras: Es menester... orad.. pedid significan y entrañan un precepto y grave necesidad.

De aquí que los teólogos con San Basilio, San Juan Crisóstomo, Clemente Alejandrino y otros muchos, entre los cuales se halla San Agustín, sostienen comúnmente que la oración es necesaria a los adultos y no tan sólo necesaria como necesidad de precepto, como dicen las escuelas, sino como necesidad de medio. Lo cual quiere decir que, según la providencia ordinaria de Dios, ningún cristiano puede salvarse sin encomendarse a Dios pidiéndole las gracias necesarias para su salvación.
Y lo mismo sostiene Santo Tomás con estas graves palabras: Después del Bautismo le es necesaria al hombre continua oración, pues si es verdad que por el bautismo se borran todos los pecados, no lo es menos que queda la inclinación desordenada al pecado en las entrañas del alma y que por fuera el mundo y el demonio nos persiguen a todas horas.

He aquí como el Angélico Doctor demuestra en pocas palabras la necesidad que tenemos de la oración. Nosotros, dice, para salvamos tenemos que luchar y vencer, según aquello de San Pablo: El que combate en los juegos públicos no es coronado, si no combatiere según las leyes. Sin la gracia de Dios no podemos resistir a muchos y poderosos enemigos. Y como esta gracia sólo se da a los que rezan, por tanto sin oración no hay victoria, no hay salvación.

Que la oración sea el único medio ordinario para alcanzar los dones divinos lo afirma claramente el mismo Santo Doctor en otro lugar, donde dice que el Señor ha ordenado que las gracias que desde toda la eternidad ha determinado concedernos nos las ha de dar sólo por medio de la oración. Por medio de la oración acabamos de comprender que tenemos que acudir al socorro divino y confesar paladinamente que El solo es el dador de todos nuestros bienes.

A la manera que quiso el Señor que sembrando trigo tuviéramos pan y plantando vides tuviéramos vino, así quiso también que sólo por medio de la oración tuviéramos las gracias necesarias para la vida eterna. Son sus divinas palabras Pedid.. y se os dará... Buscad y hallaréis.

Confesemos que somos mendigos y que todos los dones de Dios son pura limosna de su misericordia. Así lo confesaba David: Yo mendigo soy y pobrecito. Lo mismo repite San Agustín: Quiere el Señor concedernos sus gracias, pero sólo las da a aquel que se las pide. Y vuelve a insistir el Señor: Pedid y se os dará... Y concluye Santa Teresa: Luego el que no pide, no recibe...

Lo mismo demuestra San Juan Crisóstomo con esta comparación: A la manera que la lluvia es necesaria a las plantas para desarrollarse y no morir, así nos es necesaria la oración para lograr la vida eterna. Y en otro lugar trae otra comparación el mismo Santo: Así como el cuerpo no puede vivir sin alma, de la misma manera el alma sin oración está muerta y corrompida Dice que está corrompida y que despide hedor de tumba, porque aquel que deja de rezar bien pronto queda corrompido por multitud de pecados. Llámase también a la oración alimento del alma porque si es verdad que sin alimento no puede sostenerse la vida del cuerpo, no lo es menos que sin oración no puede el alma conservar la vida de la gracia. Así escribe San Agustín.

Pongamos fin a este primer capítulo resumiendo todo lo dicho y dejando bien sentada esta afirmación: que el que reza se salva y el que no reza se condena. Si dejamos a un lado a los niños, todos los demás bienaventurados se salvaron porque rezaron, y los condenados se condenaron porque no rezaron. Y ninguna otra cosa les producirá en el infierno más espantosa desesperación que pensar que les hubiera sido cosa muy fácil salvarse. Pues lo hubieran conseguido pidiendo a Dios sus gracias, y que ya serán eternamente desgraciados, porque pasó el tiempo de la oración.

Le agrada al Señor que en la oración acudamos a la intercesión de María para que supla ella nuestra indignidad con la santidad de sus méritos. Así cabalmente lo afirma San Anselmo: para que la dignidad de la intercesora supla nuestra miseria. Por tanto, acudir a la Virgen no es desconfiar de la divina misericordia; es tener miedo de nuestra indignidad. Santo Tomás, cuando habla de la dignidad de María, no repara en llamarla casi infinita. Como es Madre de Dios tiene cierta especie de dignidad infinita. Y por tanto, puede decirse sin exageración que las oraciones de María son casi más poderosas que las de todo el cielo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Tremendas profecías sobre nuestro tiempo

SAN FRANCISCO PALAU (1811-1872)
EL GRAN PROFETA,
CAPELLAN DE LOS CARLISTAS
Juan Pablo II canonizó al carmelita San Francisco Palau (1811-1872) a las puertas del tercer milenio. Un hombre de estatura bíblica, pero casi desconocido para el catolicismo actual. Exorcista notable, popular taumaturgo, hizo recordar a sus contemporáneos al Profeta Elías. Después de ser ordenado sacerdote, asistió como capellán a los tercios carlistas que se levantaron contra la obra revolucionaria del régimen político liberal de entonces. Como consecuencia de sus posturas contra-revolucionarias y anti-liberales, San Francisco fue perseguido y exiliado de España.
Poseía un particular conocimiento del papel desempeñado por el demonio en la modernidad. Tuvo la inspiración de ir al Concilio Vaticano I, y después de hablar con el Papa Pío IX, obtuvo que se introdujera en la agenda del Concilio la restauración universal del exorcismo, como arma eficaz para combatir los males de nuestro tiempo. Remedios, por cierto, desconcertantes para los adelantados de la mentalidad moderna. Sorpresivamente las tropas revolucionarias entraron a Roma e impidieron la continuación del Vaticano I.

Fue fundador de cuatro congregaciones religiosas, entre ellas las Carmelitas Misioneras y las Carmelitas Misioneras Teresianas. El año 1868 dio inicio a la publicación de “El Ermitaño”, semanario religioso, político y social, en donde divulgó advertencias y profecías sobre la crisis de la Iglesia, la apostasía de las distintas naciones europeas, los castigos que depara la Providencia para nuestra época, y la futura conversión de la humanidad.
No obstante su humildad, de sí mismo sostuvo que escribía “no como hombre político, sino como hijo de los grandes profetas Elías, el Bautista, Daniel, Ezequiel”. Los liberales lo calificaban de loco y brujo, por los milagros que realizaba y por sus profecías. La masonería en su desesperación inició un proceso penal en su contra, acusándolo de hechicero y de embaucar a las masas; proceso que concluyó con una total absolución.
Sus profecías analizadas con la debida prudencia nos entregan elementos de juicio a través de los cuales podemos captar, con mayor o menor aproximación, la apostasía de nuestros tiempos. Se trata, sin duda, de una perspectiva diferente a la que estamos acostumbrados. A este respecto, decía Chesterton: “tanto como ayer me afecta todavía la batalla de Armagedón, mientras que las elecciones generales ya no me interesan”.
La obra profética de San Francisco Palau es tan rica en detalles que daría para un estudio especial. Al analizar el siglo XIX, y el futuro del siglo XX, sostiene, con detalles sorprendentes, que se irá conformando un estado de cosas político y social cada vez más alejado de Dios, y que ello supone una influencia cada vez mayor de Satanás sobre los gobiernos, los regímenes políticos y los pueblos, que caminan en sentido opuesto al de sus raíces y tradiciones cristianas.
Desde el punto de vista de los planes de la Providencia, examina el futuro de varias naciones europeas, como España, Francia, Italia, Alemania, Rusia, etc. Su tesis es que vivimos una época de apostasía creciente, que pre-figura los tiempos del Anticristo, y sobre la cual pende un gran castigo que se ejecutará de modo universal. Luego de las catástrofes naturales y sobrenaturales que indica, la humanidad se convertirá. San Francisco Palau estudió durante años los textos de los Padres y Doctores de la Iglesia que plantearon la posibilidad, teológicamente cierta, de una apostasía al interior de la misma Iglesia de Dios.
Pero su aporte central no está en el campo teológico-especulativo, sino en el profético, respecto del cual recibió especiales luces del Divino Espíritu Santo. San Francisco ve próximo el cumplimiento de las profecías de las Escrituras, por ejemplo, la del profeta Daniel que el mismo Cristo recuerda en el Evangelio. El santo carmelita habla sin tapujos de los enemigos al interior de la Iglesia, obispos y altos jerarcas incluso del Vaticano, que se dicen católicos y son tenidos como tales, pero que seducen y pierden a gran parte del pueblo cristiano. Por sus frutos se les puede conocer. Pero este tema rebasa nuestra materia y la dejaremos para otra ocasión.

Urna que contiene el cuerpo de San Francisco Palau

Veamos algunas de sus profecías sobre el orden político del mundo escritas entre 1869 y 1872:

“Católicos de España y de Italia y de todo el orbe; éste es, en resumen, el juicio del Ermitaño sobre nuestro porvenir:

“El poder de los que combaten el catolicismo irá siempre en creces hasta llegar a su apogeo: en el terreno de la política, y de la fuerza material prevalecerá el enemigo, y la Iglesia santa perderá completamente el apoyo de los poderes políticos de la tierra. Solo con Dios, luchará contra todos los poderes del infierno, coligados con los políticos de la tierra, y vencerá por la acción inmediata de Dios. La caída del imperio del mal, y el triunfo de la Iglesia, sobre las ruinas de la incredulidad, será un cataclismo el más espantoso que hayan visto los siglos”.

“Nadie os seduzca con vanas esperanzas de paz y de triunfo: el triunfo de Dios sobre la tierra no es otra cosa que la conversión a su Iglesia de los poderes que ahora la combaten, y antes que esto suceda, ha de preceder la época de los martirios.”
[1]

* * *

“La causa del catolicismo no marcha por los caminos que el hombre ha trazado, corre por la línea que le ha marcado su Señor, su Rey, el hombre-Dios. Estos caminos están fuera del alcance de la inteligencia humana, es verdad, pero Dios no ha dejado de revelarlos por sus profetas en proporción a la necesidad que la sociedad humana ha tenido de conocerlos, para no caer en el abismo”.

“(Advierte el Apocalipsis): Después de un tiempo Satanás será desencadenado, saldrá de su cárcel y seducirá todas las naciones que hay en los cuatro ángulos del orbe terrestre. Congregará sus ejércitos para la batalla contra Dios. Aquí se ve cumplido este texto. Todas las naciones representadas por sus sistemas políticos y sus gobernantes actuales han apostatado de Dios”.

“Las naciones al separarse del Evangelio han caído prisioneras, y el vencedor las ha ligado con sus cadenas de dominio. Satanás desencadenado y libre, “solvetur de carcere suo, exibit”, seduce todas las naciones (…) Los medios de salvación están envueltos en profundos misterios: es de noche, la gente duerme, las tinieblas cubren la faz de la tierra; pero Dios como autor de este orden natural que el hombre trastorna, despertará por la voz del Arcángel a los soñolientos, y les despertará en un horrendo cataclismo de la naturaleza misma, y este orden arrojará de si a los que le combaten
”.
[2]

* * *

“¿Restaurará Dios la sociedad humana? Sí, y ha de ser pronto. ¿Cómo? ¿Cuándo? Para la restauración de la sociedad actual, esto es lo que infaliblemente ha de suceder:

1º.- La sociedad moderna cae, se hunde, se disuelve, muere, perecerá.
2º.- Dios y su Cristo arrojado del seno del Estado, saldrá como un león de las cuevas, de los desiertos de las catacumbas, ostentará su omnipotencia de su brazo, y aniquilará todo el poder de los poderosos”.

“El mundo será redimido una segunda vez
[3], porque Satanás que es su verdadero tirano otra vez ha sido desencadenado, y libre ha puesto a las naciones bajo su dominio cruel y despótico”.
¿Cuándo? La fecha data del día en que sea encadenado y arrojado al abismo Satanás”
.[4]

* * *

“Puesto que es de noche, crezcan las tinieblas, duerman los pueblos y naciones en el letargo de sus culpas, adelante el impío su obra de maldad, y tú, Ermitaño, espera, vigila, está atento hasta que lleguen las tinieblas de medianoche.

No abandones tus desiertos, guarda silencio, pero escucha: deja que el demonio y el impío completen el misterio de iniquidad que ha empezado dentro del mismo santuario, en Judas traidor … los enemigos han entrado en la ciudad, y para seducir, han levantado la bandera de nuestro rey”. “Nosotros los vigilantes nocturnos damos el grito de ¡alerta! ¡A las armas católicos! Alerta, pero la gente duerme tan profundamente que no nos oyen y si alguno hay que esté despierto no nos entiende; piensa que el sereno se ha vuelto loco anunciando catástrofes y desgracias”.[5]

NOTAS
[1]Cfr."El Ermitaño”, Año III, 19 de Mayo de 1870.
[2] Cfr. “El Ermitaño”, Año III, Nº 95, edición del 1 de septiembre de 1870; Año III, Nº 101, edición del 13 de octubre de 1870; Año III, Nº 132, edición del 18 de mayo de 1871, respectivamente.
[3] En el sentido de que serán aplicados copiosamente los frutos de la Redención de Cristo a la humanidad, a través de gracias similares a la de Pentecostés.
[4] Cfr. “El Ermitaño”, Año II, Nº 52, edición del 28 de octubre de 1869.
[5] Cfr. “El Ermitaño”, Año II, Nº 21, 25 de marzo de 1869.